viernes, 30 de marzo de 2012

OPERACION ROSA AZUL (4): UN PLAN DESESPERADO


Aquella primera madrugada, pues nuestra reunión en las traseras del invernadero de la calle Alcalá 600, con Marcial y Julia, fue sin que yo lo supiera en aquél momento, uno de los puntos de inflexión de mi vida, porque fui reclutado de manera oficial por la Resistencia... Y durante las semanas siguientes, mientras trabajabamos a grandes trazos en las medidas que podíamos oponer contra los wryntianos, me fueron contando la historia de una civilización moribunda y de su lucha por la supervivencia...

El plan de los wryntianos no podía ser más sencillo: aprovecharse del escaso respeto de los seres humanos por su entorno, por la naturaleza, por la belleza de las simples plantas, para modificar radicalmente la atmósfera de las grandes capitales españolas lo suficiente para que una boina tóxica se apoderase del entorno. Y entonces, en ese ambiente urbano degradado, a través de las nanopartículas que modificaban desde el interior los tejidos y componentes del cuerpo humano, utilizarlos para lentamente mutarlos en perfectos representantes de aquella gran civilización, desaparecida hace milenios en las fronteras de la constelación de alfa-centauro por culpa de unos niveles de contaminación sumamente agresivos, producto de una industrialización salvaje que terminó convirtiendo en inhabitable el conjunto del planeta.

Desde su punto de vista, su civilización industrial no podía desaparecer, ni tampoco sus conocimientos técnicos y comerciales: era necesario encontrar un nuevo planeta en el que instalarse, a ser posible con una atmósfera lo bastante deteriorada para que la conquista pudiera ser realizada de manera eficaz. Por supuesto, era imposible trasladar a toda la población, pero sus impresionantes conocimientos de lo que nosotros llamaríamos nanotecnología, biomecánica avanzada y formas de modificación de organismo pre-existentes les permitían reacondicionar su ambiente para, de alguna manera, renacer como parásitos en un nuevo planeta.

Primero mandaron diversas naves-sonda, para analizar la atmósfera y los niveles de contaminación de diversos planetas, la composición de los gases, y comprobar si podrían recrear las condiciones de su máximo esplendor como civilización, mientras que las inmensas naves nodriza permanecían a la espera... Durante un tiempo, pensaron que podrían establecerse en otros sistemas solares, algunos de ellos dotados de vida inteligente en diversos estados de desarrollo, otros con atmósferas más o menos ricas en óxidos, gases de efecto invernadero... pero los ensayos de implantación de las primeras remesas de colonizadores parasitarios fracasaron: la mayor parte de las veces, las criaturas escogidas como huésped no podían soportar la inclusión de las nano-particulas que permitirían a largo plazo la reinstauración de sus sociedades colmena y de toda su civilización.

Pasaban las décadas, y los siglos, y la situación en las naves nodriza se complicaba: uno tras otro, los reactores y los sistemas de apoyo vital iban experimentando fallos parciales, y las máquinas encargadas del mantenimiento de los equipos (no había wryntianos vivos para supervisar el correcto funcionamiento, pues habría sido muy "cruel" exponer a generaciones de compatriotas a un viaje tan largo) empezaron a dar muestras de desgaste... Con el paso del tiempo, de las veinte gigantescas naves nodriza que emprendieron el viaje desde el lejano planeta de Wryn, solo quedaron tres: las demás se perdieron en el espacio, o fueron alcanzadas por meteoritos, por basura espacial, se produjeron fallos estructurales de índole diversa, o simplemente desaparecieron. Ni siquiera los perfeccionados métodos de comunicación desarrollados por los científicos extraterrestres en su época de mayor esplendor (décadas antes de que la situación en el propio planeta se volviera imposible de resistir), sin el mantenimiento debido, permitían asegurar el contacto entre las naves nodriza y los centenares de sondas enviadas por medio Universo... ni mucho menos asegurar el èxito en la búsqueda... ¿Sería aquél el final de la aventura, la desaparición de toda una sociedad altamente tecnificada, de los mayores genios de mil mundos deshabitados? ¿Acaso no existía una sociedad, una civilización de seres lo bastante resistentes y tecnificados para comenzar desde cero, que pudiera ser utilizada como punto de origen para que las nanopartículas realizasen su tarea?

A mediados de la década de los años sesenta (época terrestre), diversas sondas wryntianas lanzaron al espacio su mensaje, hacia la última de las naves nodriza: habían descubierto un planeta minúsculo en el que se daban todos los requisitos necesarios para que la conquista fuera posible. A saber: un ambiente con una mezcla adecuada de contaminantes y oxígeno; un nivel creciente de radiaciones ultravioletas en la atmósfera; y lo más importante, la existencia de una especie lo bastante resistente para utilizar las nanopartículas. Era la última oportunidad de la especie, y las máquinas hicieron aquello para lo que estaban programadas: comenzar las pruebas con representantes de la especie-huésped. Con este fin, salieron de los hangares decenas de naves-laboratorio, con los medios tecnológicos para realizar la captura de los espécimenes más prometedores y analizar, entre otras cosas, su tolerancia a la manipulación.

Tuvieron mucha suerte, puesto que las pruebas realizadas permitieron conocer que era sumamente sencillo wryntimizar a los humanos, gracias a sus sistemas respiratorios poco desarrollados... Diversos experimentos de laboratorio facilitaron a las máquinas encargadas de realizar las pruebas de colonización las pautas para conseguir las modificaciones buscadas: las nanopartículas eran absorbidas por las vías respiratorias; desde allí se dirigían a los pulmones, distribuyéndose por el sistema sanguíneo; y alcanzaban el cerebro. La segunda fase era más complicada: era necesario colonizar el cerebro del huésped, modificando sus pautas de pensamiento, e instalar nuevas instrucciones de comportamiento tendentes la destrucción parcial del medio ambiente, para obtener a medio plazo una atmósfera lo bastante contaminada que facilitase la colonización del planeta.

¿Modificación del pensamiento, para que los humanos perdieran el respeto por la naturaleza? ¿Obtención de lugares privilegiados en el planeta, con la mezcla de tóxicos adecuada, para asegurar la prosperidad de las primeras colonias? ¿Disminución de la conciencia ecológica, para favorecer que nadie hiciera nada frente a la progresiva deshumanización de las ciudades?

Por desgracia, el comportamiento de los seres humanos tendente a la destrucción del hábitat natural no necesita de muchos estímulos, al menos en las grandes ciudades como Madrid, Bilbao y Barcelona, que son aquellas en las que está trabajando más la Resistencia. Los experimentos realizados en algunas de las ciudades más contaminadas del mundo ya en los años ochenta demostraron que era posible conseguir esta modificación destructiva del pensamiento, y desde los años noventa empezaron a mandarse naves de colonización a los núcleos urbanos con mayores índices de contaminación. Y en todas ellas, se generó una nueva tendencia de pensamiento, o más bien se favoreció el desprecio por el medio ambiente, puesto que sin la mezcla adecuada de contaminantes no podían sobrevivir los nanobots ni realizar su función de conquista silenciosa. La situación en numerosas ciudades de Estados Unidos, de la India y de China no es más que el resultado de una excelente planificación silenciosa. Y lo "mejor" de todo es que los humanos infectados no son conscientes de su cambios de comportamiento: a nadie le preocupa ya el humo de las fábricas, el deterioro de los parques y de los jardines, la polución de las aguas o el exterminio sistemático de la naturaleza en los núcleos urbanos. No son dueños ni de sus pensamientos, ni de sus actos, se han convertido en herramientas de colonización.

Pero la Madre Naturaleza, a pesar de todo, se defiende como puede, desarrolla nuevas tácticas, modifica sus propias armas, y las lanza al aire para intentar cambiar la situación. Por eso, cada cierto tiempo, surgen "epidemias" de fiebre del heno, y se multiplican los casos de asma alérgico; y crece el número de personas que tienen costipados primaverales: es una manera de disminuir la cantidad de toxinas alienígenas en el organismo de los humanos, que sean expulsados a través de los pulmones. También crecen, afortunadamente, el número de grupos ecologistas, que intentan incluso en las grandes ciudades divulgar unas pautas de comportamiento más respetuosas con el medio ambiente, que puedan conducir a una mayor limpieza de la atmósfera. Es una lucha por el "alma" de los humanos, puesto que los wryntianos son cada vez más numerosos, y eso se nota en el deterioro de la vida en las ciudades.

De manera semi-clandestina, a través de investigaciones realizadas en los laboratorios de universidades y de grandes empresas farmacéuticas, pero también en naves industriales, los miembros de la Resistencia analizan la calidad del aire, midiendo la proporción de elementos alienígenas en la atmósfera de las ciudades más industrializadas del planeta, y cultivando las mezclas de semillas, pólenes y elementos naturales que contribuyan a entorpecer los planes de conquista de los wryntianos. Por desgracia, la lucha es muy desigual: por cada resistente, casi siempre seres humanos con una preocupación efectiva por la naturaleza y cierta tendencia a desarrollar alergias a los pólenes, hay miles de personas que ya han sucumbido a las pautas suicidas de los wryntianos; se ganan o se pierden ciudades enteras (como por ejemplo las principales megalópolis de China y de la India) dentro de un juego que comenzó hace décadas; se modifican pautas de comportamiento de manera paulatina; y va creciendo una preocupación por el medio ambiente...

Mientras la nave nodriza wryntiana sigue mandando oleadas tras oleadas de transportes... y crece el número de seres humanos manipulados... y de vez en cuando, en el fragor de la lucha silenciosa y permanente, los Resistentes se van agrupando en torno a los últimos focos de la naturaleza en las grandes ciudades... y en silencio realizan plantaciones de flores y plantas autóctonas, para que al menos los infectados recuerden que hay otra vida más allá de las megalópolis... y resurge la esperanza...

 Con lo que no podían contar los sabios wryntianos que planificaron la conquista de un nuevo planeta desde hace cientos de años, era que algunos organismos huéspedes eran especiales: con la capacidad de asimilar los nanobots, y de resistirse al control mental. No son muy numerosos, los llaman quimeras, aquellos humanos que en su interior albergan trazas genéticas de un hermano o hermana gemelo, al que absorbieron antes del nacimiento, pero que a todos los efectos son dos entidades genéticas en una sola. Y los nanobots modificados no pueden imponerse a la vez a dos conciencias... Hace quince años, en una ciudad americana, una de estas entidades quiméricas comprendió lo que estaba pasando, y a pesar de haber sido modificado por los invasores, fue capaz de reaccionar, de leer en sus pensamientos el plan maestro que estaban desarrollando a escala mundial, y de comenzar la lucha silenciosa y clandestina... Desde entonces, comenzó la Resistencia. 

Tú escoges el bando, me dijo Julia... ¿Estás con nosotros? ¿Lucharás con nosotros, para que la gente recuerde? Con cada resistente, con cada nuevo jardín plantado, con cada recuerdo de la naturaleza perdida en medio de las grandes ciudades, con cada persona que decide preocuparse por el medio ambiente, estamos un poco más cerca de ganar esa pequeña batalla...

Mientras la nave nodriza wryntiana sigue en órbita, preparada para mandar una nueva oleada de nanobots, y seguir con su silenciosa batalla de control mental y modificación de la atmósfera, para que aquella civilización olvidada y parasitaria resurja de sus cenizas...

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