viernes, 30 de marzo de 2012

OPERACIÓN ROSA AZUL (2): PREPARANDO LA CONQUISTA.



"Si el enemigo es invisible, o se camufla en el interior de los humanos, triunfa" (consigna wryntiana de infiltración y exterminio).

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Huerteles, 12 de enero de 2021, Cuartel provisional de la Resistencia.




La mayor ventaja de este tipo de invasión, colonizando primero al estamento que se considera de mayor preponderancia en el planeta, es justamente el factor orgullo. ¿Qué político, qué representante elegido en las urnas, puede estar dispuesto a admitir que algo funciona mal en su querido reino de taifas? ¿Qué alcalde, o concejal que se precie, puede siquiera considerar que algo muy malo está sucediendo en su feudo? Y más aún, si el cambio se va realizando poco a poco... de manera insidiosa pero constante... Por suerte o por desgracia, incluso en la propia Resistencia tenemos elementos mixtos, es decir, antiguos humanos que de alguna manera han conseguido asimilar las cultura y los recuerdos genéticos de los wryntianos, pero que de todas formas han continuado siendo fieles a sus existencias basadas en el carbono...




En todos los lugares donde las cargas de dispersión fueron detonadas con éxito, una especie de neblina muy tenue, cargada de nanopartículas, fue descendiendo desde los 250 metros de altura, garantizando de esa manera una fuerte expansión, y siempre que hubiera la concentración adecuada de contaminantes atmosféricos, alcanzó el suelo, y a todos los seres que por él caminaban, se arrastraban, o vivían... Un leve, levísimo picor en las vías respiratorias, fue el comienzo del fin, pues todos aquellos nanorobots que no fueron inspirados antes de tocar el suelo, se convirtieron en microbasura espacial... Estos pequeñísimos colonizadores también eran capaces de desplazarse por el aire lo suficiente para retrasar la caída varios minutos, extendiendo unas pequeñas aletas en los laterales, y por supuesto, añadido a los detallados mapas del cuerpo humano, que les permitía orientarse hacia la entrada más adecuada (la boca y la nariz), fue uno de los factores clave en el éxito de la operación. Evidentemente, como el objetivo eran los seres humanos, todos aquellos diminutos micro-colonizadores que fueron inspirados por cualquier otro tipo de criatura (perros, gatos, caballos, ratas, aves, vacas...) también perecieron... De todas formas, cuando se tiene en cuenta que era una invasión a gran escala, y que en un centímetro cuadrado cabían varios trillones de organismos completamente autónomos, y que bastaba con que uno solo de ellos alcanzase los pulmones de un ser humano para empezar a replicarse de manera exponencial, la operación fue un completo éxito.


Se considera que al menos el noventa por ciento de los humanos que estuvieron expuestos a los nanorobots resultaron contagiados. En cuanto los micro sensores detectaron que habían localizado la entrada adecuada al organismo, materializaron un centenar de pequeños garfios, que utilizaron para desplazarse a lo largo de las vías respiratorias, hasta llegar a los alveolos pulmonares, donde se anclaron con fuerza. Ese fue el final de la fase 1. La fase 2 comenzó a las 23:45, de manera coordinada en todos los organismos colonizados, pues la observación a que habían sido sometidos por los científicos wryntianos décadas atrás les permitió observar que generalmente a esas horas, se sumían en los ciclos del sueño. Y los microrobots comenzaron a reproducirse, por ósmosis directa, y a gran velocidad. El único rastro discernible de esta actividad era un aumento de la temperatura corporal en dos grados, pero al producirse de manera simultánea entre toda la población expuesta, nadie le prestó demasiada atención. La gripe fue la conclusión más habitual, o un simple resfriado.


A las veinticuatro horas de la exposición, en todos los organismos contagiados se producía un doble fenómeno: por una parte, los nanobots, que ya habían alcanzado el número ideal para emprender la colonización total del organismo, empezaban a diseminarse a través de la red arterial y venosa, para ir modificando ligeramente los componentes químicos, añadiendo al organismo las porciones necesarias de ácido fluzósico, kryptonio, cadmio, carbono y cuproniquel para convertirse interiormente en auténticos wryntianos, pero manteniendo de momento el aspecto humano, pues aunque esta conversión total llevaría varios meses, por alguna parte se tenía que empezar los materiales necesarios. La segunda maniobra fue mucho más sutil: a través de los nanobots de segunda generación, expelidos al respirar, los wrymtianos comenzaron a tomar el control de todas las máquinas. Por supuesto, el objetivo de toda la invasión era reproducir el ambiente adecuado para conseguir la máxima transformación del entorno relativamente hostil de las grandes ciudades de la Tierra en un lugar adecuado para la raza alienígena, y para ello, era completamente necesario transformar la atmósfera, incrementar los índices de contaminación de manera exponencial, el PH del aire y los porcentajes de productos tóxicos... Por supuesto, si en vez de en Madrid o en Lisboa, los proyectiles hubieran impactado sobre Shangay o sobre cualquier gran ciudad de Oriente Medio, el trabajo de los nanobots habría sido mucho más sencillo, pero tampoco estaban programados para quejarse...


En esta modificación de la atmósfera, que se inició el 30 de octubre de 2009, tuvieron una tremenda importancia las máquinas, y cualquier tipo de dispositivo electrónico, desde el más humilde anti-cucarachas enganchado a la red, hasta el mayor complejo generador de energía, empezó, de manera silenciosa, a calentar primero el ambiente, el aire a su alrededor, en un par de centésimas de grado al día... Y al mismo tiempo, a ir catalizando aquellos contaminantes a su alcance, para iniciar la sintetización de la atmósfera wryntiana, a partir del pesado aire de la gran ciudad. Sí, es cierto, las zonas verdes, los parques como El Retiro, El Capricho o la Casa de Campo, eran los peores enemigos de las microscópicas fuerzas de choque, por lo que catorce meses después, coincidiendo con la navidad de 2010, una extraña plaga empezó a asolar todos los parques y jardines de la megalópoli: era una lucha a muerte contra la Naturaleza... y esta vez, también venció el invasor... En Barcelona, sucedió lo mismo: la naturaleza empezó a perder la batalla, las zonas sin viva alguna se propagaron como una plaga en el Parque Guel, en el Parc del Clot, en Collserola... hasta dejar una ciudad completamente yerma, donde la toda vida vegetal había desaparecido... En Lisboa, el Jardín Botánico fue el primero en caer, seguido de cerca por el Jardim Museu Agrícola Nacional, la Quinta da Regaleira... y hasta el último invernadero, hasta la última mata de hierba de la última azotea... Las tres ciudades fueron completamente arrasadas, cumpliéndose el plan en el plazo establecido...


De todas formas, tantos meses después de la infectación, a los seres humanos ya no les importaba una mierda el mantenimiento de los parques y jardines, de las plantas, de las flores, pues ya estaba comenzando la cuarta fase de la conquista: la modificación de las estructuras cerebrales, y de la forma de pensar y reaccionar... Si alguien hubiera estado libre de estas toxinas, tal vez se hubiera podido dar la alarma, denunciar lo que estaba pasando, pero de todas formas, ¿quién hubiera creído a la persona, que recién llegada a la Gran Ciudad, comprueba que todo el mundo se comporta de forma rara? ¿Quién podría haber dado la voz de alarma, por esos extraños comportamientos, tan sumamente destructivos para el medio ambiente, como volcar bidones de aceite industrial en las fuentes del Retiro, enterrar residuos tóxicos en medio de la Gran Vía, abrir zanjas innecesarias para contaminar los acuíferos, o marcharse de casa con todos los aparatos eléctricos funcionando a la vez, si estos comportamientos, y otros mucho peores, se convertían en algo normal? ¿Cómo podría, una sola persona, recién llegada, cambiar en algo las cosas?


Por suerte, en abril de 2015, cuando llegué a Madrid, procedente de mi pequeño pueblo en medio de las montañas, todavía no se estaba produciendo la quinta fase de la conquista (el contagio y la dominación de las mentes), y los nanorobots estaban demasiado ocupados polucionando la atmósfera, como para contagiar a más personas. Sí, a través de las esporádicas comunicaciones con mis primos, que se habían trasladado a la ciudad dos años antes, ya sabía que era una situación muy extraña la que me esperaba, que la Naturaleza era exterminada de manera sistemática, que incluso los antiguos posters con paisajes eran quemados en actos públicos, que los libros y enciclopedias que hablaban del medio ambiente eran sacados en procesión de grandes almacenes y bibliotecas, y quemados en multitudinarios autos de en la explanada del Palacio Real, y que se estaba persiguiendo duramente a los ecologistas... Pero nada de todo eso me había preparado para la desolación que encontré al bajar del autobús... Ni para mi primer contacto con la Resistencia...

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