viernes, 30 de marzo de 2012

OPERACIÓN ROSA AZUL (1): ESTALLIDOS EN EL CIELO


El 28 de octubre de 2009, a las 14:10, comenzó la invasión de la Península Ibérica... Pero nadie se ha dado cuenta.

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Huérteles, 12 de enero de 2021, cuartel provisional de la Resistencia.
En efecto, nadie se dio cuenta en su momento del comienzo de la invasión, porque nadie se molestó en mirar al cielo, en ese momento preciso en que se oyó un distante trueno sobre Móstoles, otro en la Puerta del Sol, un tercero en Navalmoral de la Mata, y tres o cuatro más, en diversas zonas de la Comunidad de Madrid... "Bah, será una tormenta", eso es lo que dijimos muchos... También se escucharon detonaciones similares en Lisboa y en Barcelona, mas allí, nadie prestó atención... Pero si hubiéramos mirado al cielo con más atención, es posible que hubiéramos notado que, en los minutos posteriores a los estallidos, una finísima llovizna de micropartículas, más ligeras que el aire, estaba descendiendo lentamente, con un índice de propagación siempre creciente (al final, fue de 200.000 a 1), sobre toda la ciudad... Sí, vale, doce años más tarde, y con todos los conocimientos que hemos obtenido, es muy fácil decirlo... Pero lo único cierto es que en aquél preciso momento, quedó decidido el destino, tal vez no de la Humanidad entera, pero sí de España y Portugal... Pues aquellas pequeñísimas partículas no eran elementos naturales, y ni tan siquiera estaban relacionadas con nuestro planeta: eran las tropas de choque de una civilización moribunda, procedente del espacio exterior...



Todo comenzó en el año 1810 (según el calendario terrícola), en un pequeño planeta de la constelación Alfa Centauro, que sus habitantes llamaban WRY632RT. Si bien en un primer momento era un planeta como todos los demás, con una atmósfera relativamente respirable, y abundantes recursos naturales, una superior tecnología, altamente destructiva para el medio ambiente, se convirtió en una forma de vida, o mejor dicho de muerte, que sumió a sus habitantes en una espiral de muerte. Siempre pendientes de fabricar más productos innecesarios, de consumir más alimentos, de desperdiciar más recursos naturales, de tener más y más de todo, poco a poco, fueron envenenando la atmósfera, el agua, la tierra... Pero por ello, no pararon ese proceso de destrucción, ni mucho menos: se fueron adaptando, sus cuerpos, sus mentes, para seguir destruyéndolo todo. Fue una orgía que durante décadas modificó incluso los componentes de los wryntianos, convirtiéndolos en una nueva forma de vida, basada en el ácido fluzósico, el kryptonio, el cadmio, el carbono y el cuproniquel. Esa era la fórmula, siempre y cuando se combinase con altísimas dosis de contaminación atmosférica, CFC´S y monóxido de carbono.


Alrededor del año 1923 (calendario terrestre), los wryntianos empezaron a enfermar, y a morir. Incluso para su propio organismo, brutalmente modificado por la contaminación atmosférica, por las emisiones de gases de efecto invernadero, por las radiaciones estelares, la supervivencia era imposible. Por ello era necesario buscar un nuevo planeta en el que vivir, siempre y cuando reuniese las condiciones necesarias para garantizar, al menos en un primer momento, la supervivencia de la especie. Y por otra parte, se imponía encontrar una manera de transportar toda la civilización de la manera más realista posible, teniendo en cuenta las limitaciones del espacio-tiempo, y la necesidad de energía durante el viaje.


Lo más "sencillo" fue encontrar el planeta adecuado, ya que eran muy escasos los mundos habitados con la tecnología necesaria: sondas capaces de alcanzar velocidades próximas a la de la luz, radiotelescopios orbitales de gran potencia, y otras técnicas similares. Por su carácter excesivamente natural, enseguida decidieron olvidarse del planetoide ubicado en el Cinturón de Orión, puesto que sus habitantes, formas de vida basadas en el silicio, eran escrupulosa y enfermizamente respetuosos con el medio ambiente... También descartaron las lunas de Júpiter,el planeta Moria (demasiado contaminado incluso para ellos), y el sistema gemelar Yin-Yun (abocado a la extinción completa dentro de mil años terrestres)... Pero al final, tuvieron suerte con la Tierra, ese planeta dominado por el agua (útil como combustible), y sobre todo, con una atractiva capa de deshechos espaciales, y unos índices de contaminación atmosférica que, con un poco de trabajo duro, podrían resultar altamente prometedores...


La segunda cuestión, el traslado, fue resuelta brillantemente por los científicos: en vez de fabricar naves capaces de llevar a los wryntianos, con sus dos metros y medio de altura, sus potentes miembros y su gran peso, era más sencillo convertirse en unos invasores más sutiles, imitando las plagas. Por ello, se logró miniaturizar los componentes esenciales, para convertir a los propios humanos en una primera fase, en una larva que precisaría un periodo de maduración y de crecimiento, durante el cual también lograría contagiar a otros organismos autóctonos, para dar paso, cuando el ciclo se hubiera completado al menos en una parte del planeta, a los auténticos wryntianos. Como en la Tierra no había las concentraciones suficientes de ácido fluzósico y de kryptonio para realizar la metamorfosis final, ambos componentes también se agregaron a la mezcla. El resultado de largos años (terrícolas) de investigaciones respondió a los esfuerzos realizados: unas nanopartículas, dispersables por el aire, que accederían al organismo a través de los pulmones, y con la capacidad de replicarse en el interior del receptor, para irlo modificando desde dentro hacia afuera, para en un último paso desarrollar los hermosos exoesqueletos característicos de la civilización moribunda... También se incluyeron todos los conocimientos necesarios para ir envenenando paulatinamente el planeta, y la propia memoria genética colectiva de la especie, para que las despreciables larvas de humanos colonizados supieran cual era su orgulloso y destacado origen, y pudieran seguir efectuando modificaciones genéticas para regresar a aquél Ideal de mente colectiva...



Cuando ya estaba casi ultimado el proyecto, surgieron varios problemas de última hora: el primero, el combustible, un elemento exótico muy escaso en el planeta, por lo que solamente se podrían enviar diez cohetes interestelares, conteniendo cada uno de ellos cuatro cabezas polilobulares cargados de nanopartículas. Por lo tanto solamente había cuarenta oportunidades de alcanzar la Tierra. El segundo, que cada una de estas cabezas debía detonar a doscientos cincuenta metros del suelo, para garantizar la mayor dispersión posible. El tercero, que si no había ningún receptor listo en aquél momento, las partículas desaparecerían enseguida. Y el cuarto, pero no menos importante, que el nivel de contaminación ambiental debía ser lo suficientemente elevado para favorecer la eclosión y la infección de los receptores. Por sus logros a la hora de garantizar la pervivencia de su civilización, los investigadores fueron condecorados. Mas por los problemas de última hora, en cuanto se lanzaron los cohetes, fueron ejecutados. "En WRY632RT todo fracaso es castigado", como dice el refrán.

Después de varias décadas de viaje, durante las cuales lentamente agonizaba el planeta, envuelto en sus nubes de ácido y de polución, los cohetes llegaron a la atmósfera de la Tierra... Uno de ellos impactó directamente contra un satélite de comunicaciones, otro destrozó la estación espacial internacional, el tercero y el cuarto se hundieron en la Fosa de las Marianas, el quinto provocó una avalancha descomunal en el Himalaya, el sexto cayó sobre el Desierto del Serengueti... pero los otros cuatro detonaron sobre Madrid, Barcelona y Lisboa...

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