viernes, 30 de marzo de 2012

OPERACION ROSA AZUL (4): UN PLAN DESESPERADO


Aquella primera madrugada, pues nuestra reunión en las traseras del invernadero de la calle Alcalá 600, con Marcial y Julia, fue sin que yo lo supiera en aquél momento, uno de los puntos de inflexión de mi vida, porque fui reclutado de manera oficial por la Resistencia... Y durante las semanas siguientes, mientras trabajabamos a grandes trazos en las medidas que podíamos oponer contra los wryntianos, me fueron contando la historia de una civilización moribunda y de su lucha por la supervivencia...

El plan de los wryntianos no podía ser más sencillo: aprovecharse del escaso respeto de los seres humanos por su entorno, por la naturaleza, por la belleza de las simples plantas, para modificar radicalmente la atmósfera de las grandes capitales españolas lo suficiente para que una boina tóxica se apoderase del entorno. Y entonces, en ese ambiente urbano degradado, a través de las nanopartículas que modificaban desde el interior los tejidos y componentes del cuerpo humano, utilizarlos para lentamente mutarlos en perfectos representantes de aquella gran civilización, desaparecida hace milenios en las fronteras de la constelación de alfa-centauro por culpa de unos niveles de contaminación sumamente agresivos, producto de una industrialización salvaje que terminó convirtiendo en inhabitable el conjunto del planeta.

Desde su punto de vista, su civilización industrial no podía desaparecer, ni tampoco sus conocimientos técnicos y comerciales: era necesario encontrar un nuevo planeta en el que instalarse, a ser posible con una atmósfera lo bastante deteriorada para que la conquista pudiera ser realizada de manera eficaz. Por supuesto, era imposible trasladar a toda la población, pero sus impresionantes conocimientos de lo que nosotros llamaríamos nanotecnología, biomecánica avanzada y formas de modificación de organismo pre-existentes les permitían reacondicionar su ambiente para, de alguna manera, renacer como parásitos en un nuevo planeta.

Primero mandaron diversas naves-sonda, para analizar la atmósfera y los niveles de contaminación de diversos planetas, la composición de los gases, y comprobar si podrían recrear las condiciones de su máximo esplendor como civilización, mientras que las inmensas naves nodriza permanecían a la espera... Durante un tiempo, pensaron que podrían establecerse en otros sistemas solares, algunos de ellos dotados de vida inteligente en diversos estados de desarrollo, otros con atmósferas más o menos ricas en óxidos, gases de efecto invernadero... pero los ensayos de implantación de las primeras remesas de colonizadores parasitarios fracasaron: la mayor parte de las veces, las criaturas escogidas como huésped no podían soportar la inclusión de las nano-particulas que permitirían a largo plazo la reinstauración de sus sociedades colmena y de toda su civilización.

Pasaban las décadas, y los siglos, y la situación en las naves nodriza se complicaba: uno tras otro, los reactores y los sistemas de apoyo vital iban experimentando fallos parciales, y las máquinas encargadas del mantenimiento de los equipos (no había wryntianos vivos para supervisar el correcto funcionamiento, pues habría sido muy "cruel" exponer a generaciones de compatriotas a un viaje tan largo) empezaron a dar muestras de desgaste... Con el paso del tiempo, de las veinte gigantescas naves nodriza que emprendieron el viaje desde el lejano planeta de Wryn, solo quedaron tres: las demás se perdieron en el espacio, o fueron alcanzadas por meteoritos, por basura espacial, se produjeron fallos estructurales de índole diversa, o simplemente desaparecieron. Ni siquiera los perfeccionados métodos de comunicación desarrollados por los científicos extraterrestres en su época de mayor esplendor (décadas antes de que la situación en el propio planeta se volviera imposible de resistir), sin el mantenimiento debido, permitían asegurar el contacto entre las naves nodriza y los centenares de sondas enviadas por medio Universo... ni mucho menos asegurar el èxito en la búsqueda... ¿Sería aquél el final de la aventura, la desaparición de toda una sociedad altamente tecnificada, de los mayores genios de mil mundos deshabitados? ¿Acaso no existía una sociedad, una civilización de seres lo bastante resistentes y tecnificados para comenzar desde cero, que pudiera ser utilizada como punto de origen para que las nanopartículas realizasen su tarea?

A mediados de la década de los años sesenta (época terrestre), diversas sondas wryntianas lanzaron al espacio su mensaje, hacia la última de las naves nodriza: habían descubierto un planeta minúsculo en el que se daban todos los requisitos necesarios para que la conquista fuera posible. A saber: un ambiente con una mezcla adecuada de contaminantes y oxígeno; un nivel creciente de radiaciones ultravioletas en la atmósfera; y lo más importante, la existencia de una especie lo bastante resistente para utilizar las nanopartículas. Era la última oportunidad de la especie, y las máquinas hicieron aquello para lo que estaban programadas: comenzar las pruebas con representantes de la especie-huésped. Con este fin, salieron de los hangares decenas de naves-laboratorio, con los medios tecnológicos para realizar la captura de los espécimenes más prometedores y analizar, entre otras cosas, su tolerancia a la manipulación.

Tuvieron mucha suerte, puesto que las pruebas realizadas permitieron conocer que era sumamente sencillo wryntimizar a los humanos, gracias a sus sistemas respiratorios poco desarrollados... Diversos experimentos de laboratorio facilitaron a las máquinas encargadas de realizar las pruebas de colonización las pautas para conseguir las modificaciones buscadas: las nanopartículas eran absorbidas por las vías respiratorias; desde allí se dirigían a los pulmones, distribuyéndose por el sistema sanguíneo; y alcanzaban el cerebro. La segunda fase era más complicada: era necesario colonizar el cerebro del huésped, modificando sus pautas de pensamiento, e instalar nuevas instrucciones de comportamiento tendentes la destrucción parcial del medio ambiente, para obtener a medio plazo una atmósfera lo bastante contaminada que facilitase la colonización del planeta.

¿Modificación del pensamiento, para que los humanos perdieran el respeto por la naturaleza? ¿Obtención de lugares privilegiados en el planeta, con la mezcla de tóxicos adecuada, para asegurar la prosperidad de las primeras colonias? ¿Disminución de la conciencia ecológica, para favorecer que nadie hiciera nada frente a la progresiva deshumanización de las ciudades?

Por desgracia, el comportamiento de los seres humanos tendente a la destrucción del hábitat natural no necesita de muchos estímulos, al menos en las grandes ciudades como Madrid, Bilbao y Barcelona, que son aquellas en las que está trabajando más la Resistencia. Los experimentos realizados en algunas de las ciudades más contaminadas del mundo ya en los años ochenta demostraron que era posible conseguir esta modificación destructiva del pensamiento, y desde los años noventa empezaron a mandarse naves de colonización a los núcleos urbanos con mayores índices de contaminación. Y en todas ellas, se generó una nueva tendencia de pensamiento, o más bien se favoreció el desprecio por el medio ambiente, puesto que sin la mezcla adecuada de contaminantes no podían sobrevivir los nanobots ni realizar su función de conquista silenciosa. La situación en numerosas ciudades de Estados Unidos, de la India y de China no es más que el resultado de una excelente planificación silenciosa. Y lo "mejor" de todo es que los humanos infectados no son conscientes de su cambios de comportamiento: a nadie le preocupa ya el humo de las fábricas, el deterioro de los parques y de los jardines, la polución de las aguas o el exterminio sistemático de la naturaleza en los núcleos urbanos. No son dueños ni de sus pensamientos, ni de sus actos, se han convertido en herramientas de colonización.

Pero la Madre Naturaleza, a pesar de todo, se defiende como puede, desarrolla nuevas tácticas, modifica sus propias armas, y las lanza al aire para intentar cambiar la situación. Por eso, cada cierto tiempo, surgen "epidemias" de fiebre del heno, y se multiplican los casos de asma alérgico; y crece el número de personas que tienen costipados primaverales: es una manera de disminuir la cantidad de toxinas alienígenas en el organismo de los humanos, que sean expulsados a través de los pulmones. También crecen, afortunadamente, el número de grupos ecologistas, que intentan incluso en las grandes ciudades divulgar unas pautas de comportamiento más respetuosas con el medio ambiente, que puedan conducir a una mayor limpieza de la atmósfera. Es una lucha por el "alma" de los humanos, puesto que los wryntianos son cada vez más numerosos, y eso se nota en el deterioro de la vida en las ciudades.

De manera semi-clandestina, a través de investigaciones realizadas en los laboratorios de universidades y de grandes empresas farmacéuticas, pero también en naves industriales, los miembros de la Resistencia analizan la calidad del aire, midiendo la proporción de elementos alienígenas en la atmósfera de las ciudades más industrializadas del planeta, y cultivando las mezclas de semillas, pólenes y elementos naturales que contribuyan a entorpecer los planes de conquista de los wryntianos. Por desgracia, la lucha es muy desigual: por cada resistente, casi siempre seres humanos con una preocupación efectiva por la naturaleza y cierta tendencia a desarrollar alergias a los pólenes, hay miles de personas que ya han sucumbido a las pautas suicidas de los wryntianos; se ganan o se pierden ciudades enteras (como por ejemplo las principales megalópolis de China y de la India) dentro de un juego que comenzó hace décadas; se modifican pautas de comportamiento de manera paulatina; y va creciendo una preocupación por el medio ambiente...

Mientras la nave nodriza wryntiana sigue mandando oleadas tras oleadas de transportes... y crece el número de seres humanos manipulados... y de vez en cuando, en el fragor de la lucha silenciosa y permanente, los Resistentes se van agrupando en torno a los últimos focos de la naturaleza en las grandes ciudades... y en silencio realizan plantaciones de flores y plantas autóctonas, para que al menos los infectados recuerden que hay otra vida más allá de las megalópolis... y resurge la esperanza...

 Con lo que no podían contar los sabios wryntianos que planificaron la conquista de un nuevo planeta desde hace cientos de años, era que algunos organismos huéspedes eran especiales: con la capacidad de asimilar los nanobots, y de resistirse al control mental. No son muy numerosos, los llaman quimeras, aquellos humanos que en su interior albergan trazas genéticas de un hermano o hermana gemelo, al que absorbieron antes del nacimiento, pero que a todos los efectos son dos entidades genéticas en una sola. Y los nanobots modificados no pueden imponerse a la vez a dos conciencias... Hace quince años, en una ciudad americana, una de estas entidades quiméricas comprendió lo que estaba pasando, y a pesar de haber sido modificado por los invasores, fue capaz de reaccionar, de leer en sus pensamientos el plan maestro que estaban desarrollando a escala mundial, y de comenzar la lucha silenciosa y clandestina... Desde entonces, comenzó la Resistencia. 

Tú escoges el bando, me dijo Julia... ¿Estás con nosotros? ¿Lucharás con nosotros, para que la gente recuerde? Con cada resistente, con cada nuevo jardín plantado, con cada recuerdo de la naturaleza perdida en medio de las grandes ciudades, con cada persona que decide preocuparse por el medio ambiente, estamos un poco más cerca de ganar esa pequeña batalla...

Mientras la nave nodriza wryntiana sigue en órbita, preparada para mandar una nueva oleada de nanobots, y seguir con su silenciosa batalla de control mental y modificación de la atmósfera, para que aquella civilización olvidada y parasitaria resurja de sus cenizas...

OPERACION ROSA AZUL 3: LA RESISTENCIA

Si tu enemigo huye, atácale por la espalda hasta el exterminio total. Y luego, usa los cuerpos para abonar el jardín”. (Teorema wryntiano)

Para una persona como yo, que se había pasado la mayor parte de sus cuarenta años de vida en un pueblo moribundo (en invierno, ya no quedaban más que dos viejecillos incombustibles, y los fantasmas de cientos de años de historia), el contraste con La Capital no podía ser mayor. Por eso, recién llegado a Madrid en abril de 2015, con una vaga promesa de trabajo en un invernadero y la típica carta de recomendación del cura y del alcalde, pues hay cosas que no han cambiado mucho en los últimos años (al menos, no en mi pueblo), solamente tenía dos objetivos: conseguir un alojamiento a precio módico (me habían hablado favorablemente de la "Pensión La Lola", en la zona de Suances), y llegar lo antes posible a mi nuevo trabajo... Vale, es posible que fuera un sueño un poco infantil, pero después de tanto tiempo trabajando el campo de otros, con las mismas lechugas, tomates, pimientos, pepinos, calabacines, escarolas, repollos... me apetecía mucho hacer algo distinto, aprender sobre plantas, bulbos, exposición al sol o a la sombra...




Pero la mayor impresión fue, sin duda alguna, el llegar a la estación de Avenida de América... Si los campos que ibamos dejando atrás se pudieran definir de alguna manera, bastaría una palabra: funcionales. Agrupados en perfectas hileras, los cultivos, sobre todo el maíz transgénico y los girasoles, no dejaban ningún lugar a la imaginación, ni tan siquiera a la Madre Naturaleza. Por eso, no me extrañó demasiado ver cómo una cuadrilla de operarios con sogas y tractores desenraizaba una encina centenaria, posiblemente para que no rompiera la funcionalidad del campo... En los ojos de mi compañero de viaje, Marcial, un agricultor "de los de toda la vida", que venía a Madrid cada seis meses para revisarse la próstata, yo podía leer que algo no iba bien...




"Esa encima, me dijo, la conozco desde que nací... Cuentan que fue antes de la guerra civil, pero no esta, sino la de Napoleón, cuando la plantaron... Y ahora, cuando estaba tan tranquila, en medio del campo, al borde de la autopista, van y la arrancan por un capricho... La gente de Madrid no está bien de la cabeza, Francisco, te lo digo yo..."





"¿ Y porqué dices eso, Marcial? No creo que estén todos locos, porque es una ciudad muy grande, que ofrece tantas cosas: trabajo, diversión, formación, ocio..."





"No te engañes, Francisco: es una ciudad que le ha dado la espalda a la Naturaleza. Ya no hay flores en ninguna parte, la Rosaleda está medio muerta, el Retiro está más "pachucho" que yo... Tampoco hay puestos de flores, ni siquiera en los cementerios...¡Con el negocio tan redondo que hacían con los centros de mesa, las coronas y los arreglos florales! Ahora, todo es una burda imitación de la Naturaleza, con unas coronas espantosas que durarán más incluso que el difunto..."





"No exageres, Marcial... Que no creo que todo sea tan grave como lo pintas... Y todo depende del cristal con el que lo mires..."







Allí nos despedimos, en el andén de la estación, Marcial Guerra y Francisco Villegas (para servirla a Dios y a Usted, hermosa dama), en medio del barullo de los autobuses, que iban vomitando su cargamento humano, en medio del ruido, del polvo, del humo, y del inevitable tufillo a humanidad reconcentrada... Como siempre me ha gustado viajar ligero de equipaje, lo tenía todo preparado, comprimido y colocado dentro de mi mochila de alta montaña... que hace demasiados años que no sentía la libertad de las altas cumbres (Nota: tengo que volver a la Montaña, por ejemplo, al Pirineo Aragonés...) y subí a la superficie, para coger un autobús que me llevase a la pensión... Como soy gente de campo, acostumbrado a trabajar con las manos, al trato directo pero escaso con la gente (cuando me fui de Huerteles, era el único aparcero que se encargaba de los campos de cuatro señoritos que vivían en Soria... hasta que decidieron que mi salario era demasiado oneroso y no les dejaba casi beneficios), y sobre todo, a respetar el espacio de los demás, porque nunca me he sentido a gusto entre la gente... Por eso, en cierto modo comprendí que algo andaba mal en la gente con ese primer viaje en autobús, de menos de media hora, durante el cual casi todos ellos estaban quietos y rígidos como estatuas, con los cascos puestos, la mirada perdida en la mayor parte de los casos, y por supuesto, ese aire de superioridad que tienen los de Madrid cuando notan que alguien no forma parte de su casta... aunque por otra parte, ese orgullo también se produce en Barcelona o en Zaragoza, las otras dos únicas ciudades que he conocido... A falta de otra cosa mejor que hacer, y para no violentar a nadie, busqué un hueco junto a la ventanilla (mi metro ochenta largo, y la fortaleza de mis hombros siempre son una buena ayuda en este caso), y me puse a observar la calle...






Está claro que yo tenía otra ideal de la Calle Alcalá: no había ni floristas, ni nardos, ni "ná de ná"... Solo aceras sin fin, cortadas por muchos pasos de cebra, semáforos, y una colección de arbolitos anémicos y agonizantes que parecían estar a punto de exalar su última bocanada de clorofila. Madrid es una ciudad gris, donde, como me dijo Marcial, "no crecen ni los rastrojos". Ni siquiera en los arriates de las medianas, o en las esquinas de las principales avenidas, hay plantas en condiciones, todas ellas se encuentran en pésimas condiciones... Agobiado por el ambiente que se respira en el autobús (¿recordais aquella película sobre "El pueblo de los malditos", donde todos los niños tienen los ojos brillantes, y las caras sin expresión alguna? Bueno, pues el mismo ambiente es el que se mascaba entre esas paredes de lata...), decido bajarme, y caminar un rato: hasta la pensión, no tengo pérdida, es seguir la calle Alcalá varios cientos de números... y hasta el invernadero, otros cuantos más... nada, en todo caso, para alguien que se ha pasado media vida en el campo, con los rebaños, y luego con los huertos... Pero al acariciar varios arbolitos, o intentar oler las adelfas y las camelias, comprendo que realmente hace falta tomar medidas drásticas, para que la Vida vuelva a fluir por esa ciudad que, desde el primer momento, parece estar maldita...






La primera impresión sobre mi alojamiento temporal no puede ser peor: mi habitacion, pintada en un espantoso rosa-chicle-burdel, apesta a tabaco rancio, a sudor y a piés. Sí, tiene una gran ventana, que da a un patio de vecinos, donde impera el pestazo a comida china, y aunque la pensión está ubicada en un segundo, se accede a ella desde una escalera del patio interior... Un triste cactus agonizante intenta aprovechar las escasas dosis de luz, y agradece muchísimo la pequeña cantidad de agua que le proporciono... La cama es un dinosaurio de otros tiempos, con esos forjados de estilo antiguo... eso por no hablar de la colcha, de un dudoso color rojizo, y las sábanas, grisáceas... Por eso, siempre me alegro de llevar un saco de dormir en la mochila, y una funda de almohada especial... al margen de unos cuandos aditamentos, recuerdo de mi paso por el Ejército... Al menos, la ducha está perfecta...






Mas, si duro fue conocer la pensión, llegar al invernadero, sobre el número 600 de la calle Alcalá, me pareció una broma pesada... Al menos, la imagen que se ofrecía al público en general no podía ser más lamentable: una serie de baldas desangeladas, llenas de plantas más o menos moribundas, algunas de ellas con plagas de mosquitos, otras con hongos, con pulgones, otras cuantas en unas condiciones tan lamentables, que resulta muy extraño que estén a la venta... En la zona acristalada, esa impresión de caos, de desidia, es mucho mayor... Aunque un rato después, comprendería que se trataba justamente de una fachada...




Y allí, en medio de ese pandemonium, estaba ella, Julia, hermosa como un hada, incluso con ese peto de obrero, la camiseta desteñida, las botas de pocero y los guantes de latex... Como la veo tan ocupada, me quedo varios minutos observándola en silencio, hasta que ella me dice, si darse la vuelta: "Bueno... ¿piensas ayudarme de una vez a trasplantar esa Pachira, o tengo que esperar un rato más, hasta que te canses de mirarme el culo?"


La verdad es que tiene un culo precioso... aunque solo te acuerdas de él hasta que ella se da la vuelta, y ves la carita más hermosa que sea posible imaginar, incluso con el pelo recogido con un pañuelo, y la pequeña cicatriz en el pómulo derecho... Pero sobre todo son sus ojos, verdes, brillantes, que lo iluminan todo, los responsables de que me quede petrificado... hasta que ella me lanza un potente izquierdazo al pecho, se me pasa la tontería, y nos ponemos a trabajar mano a mano...


"Así que tú eres Francisco, ¿no? El nuevo encargado de las plantas autóctonas, y de las que se pueden adaptar al clima y a la orografía madrileña... Pues te garantizo que trabajo no te va a faltar aquí... Además, ten en cuenta que tu función será luchar contra un mal que se ha venido propagando sin control durante muchos años..."

"¿Un mal, me dices? ¿Qué tipo de mal?", le pregunto con cierta inquietud... pues todo el mundo sabe que en las capitales hay gente muy rara...


"Un mal, me responde una voz conocida que proviene de detrás de una cortina de seto artificial, un mal, Francisco, que es mucho más peligroso, porque nadie cree en él, ni en su existencia, ni tan siquiera se da cuenta de lo que se ha perdido... Te estoy hablando del motivo por el cual te hemos llamado: por tu conocimiento del medio ambiente, de la naturaleza, por tus conocimientos de botánica, de protección de las especies, que para nosotros tiene mucho más sentido que una carrera que de todas formas, desde hace demasiados años ha dejado de existir..."


Y fue entonces cuando comprendí exactamente lo que estaban intentando conseguir Marcial y la Resistencia... Contra la conversión de los humanos en wryntianos, poco se podía hacer: solamente una exposición masiva a los pólenes de gramíneas, de olivos, y de rosas... combinado con la visión de la naturaleza... Pero aquella fue la tarde en la que cambió mi visión sobre la vida en la Tierra, y sobre el futuro que nos espera...

OPERACIÓN ROSA AZUL (2): PREPARANDO LA CONQUISTA.



"Si el enemigo es invisible, o se camufla en el interior de los humanos, triunfa" (consigna wryntiana de infiltración y exterminio).

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Huerteles, 12 de enero de 2021, Cuartel provisional de la Resistencia.




La mayor ventaja de este tipo de invasión, colonizando primero al estamento que se considera de mayor preponderancia en el planeta, es justamente el factor orgullo. ¿Qué político, qué representante elegido en las urnas, puede estar dispuesto a admitir que algo funciona mal en su querido reino de taifas? ¿Qué alcalde, o concejal que se precie, puede siquiera considerar que algo muy malo está sucediendo en su feudo? Y más aún, si el cambio se va realizando poco a poco... de manera insidiosa pero constante... Por suerte o por desgracia, incluso en la propia Resistencia tenemos elementos mixtos, es decir, antiguos humanos que de alguna manera han conseguido asimilar las cultura y los recuerdos genéticos de los wryntianos, pero que de todas formas han continuado siendo fieles a sus existencias basadas en el carbono...




En todos los lugares donde las cargas de dispersión fueron detonadas con éxito, una especie de neblina muy tenue, cargada de nanopartículas, fue descendiendo desde los 250 metros de altura, garantizando de esa manera una fuerte expansión, y siempre que hubiera la concentración adecuada de contaminantes atmosféricos, alcanzó el suelo, y a todos los seres que por él caminaban, se arrastraban, o vivían... Un leve, levísimo picor en las vías respiratorias, fue el comienzo del fin, pues todos aquellos nanorobots que no fueron inspirados antes de tocar el suelo, se convirtieron en microbasura espacial... Estos pequeñísimos colonizadores también eran capaces de desplazarse por el aire lo suficiente para retrasar la caída varios minutos, extendiendo unas pequeñas aletas en los laterales, y por supuesto, añadido a los detallados mapas del cuerpo humano, que les permitía orientarse hacia la entrada más adecuada (la boca y la nariz), fue uno de los factores clave en el éxito de la operación. Evidentemente, como el objetivo eran los seres humanos, todos aquellos diminutos micro-colonizadores que fueron inspirados por cualquier otro tipo de criatura (perros, gatos, caballos, ratas, aves, vacas...) también perecieron... De todas formas, cuando se tiene en cuenta que era una invasión a gran escala, y que en un centímetro cuadrado cabían varios trillones de organismos completamente autónomos, y que bastaba con que uno solo de ellos alcanzase los pulmones de un ser humano para empezar a replicarse de manera exponencial, la operación fue un completo éxito.


Se considera que al menos el noventa por ciento de los humanos que estuvieron expuestos a los nanorobots resultaron contagiados. En cuanto los micro sensores detectaron que habían localizado la entrada adecuada al organismo, materializaron un centenar de pequeños garfios, que utilizaron para desplazarse a lo largo de las vías respiratorias, hasta llegar a los alveolos pulmonares, donde se anclaron con fuerza. Ese fue el final de la fase 1. La fase 2 comenzó a las 23:45, de manera coordinada en todos los organismos colonizados, pues la observación a que habían sido sometidos por los científicos wryntianos décadas atrás les permitió observar que generalmente a esas horas, se sumían en los ciclos del sueño. Y los microrobots comenzaron a reproducirse, por ósmosis directa, y a gran velocidad. El único rastro discernible de esta actividad era un aumento de la temperatura corporal en dos grados, pero al producirse de manera simultánea entre toda la población expuesta, nadie le prestó demasiada atención. La gripe fue la conclusión más habitual, o un simple resfriado.


A las veinticuatro horas de la exposición, en todos los organismos contagiados se producía un doble fenómeno: por una parte, los nanobots, que ya habían alcanzado el número ideal para emprender la colonización total del organismo, empezaban a diseminarse a través de la red arterial y venosa, para ir modificando ligeramente los componentes químicos, añadiendo al organismo las porciones necesarias de ácido fluzósico, kryptonio, cadmio, carbono y cuproniquel para convertirse interiormente en auténticos wryntianos, pero manteniendo de momento el aspecto humano, pues aunque esta conversión total llevaría varios meses, por alguna parte se tenía que empezar los materiales necesarios. La segunda maniobra fue mucho más sutil: a través de los nanobots de segunda generación, expelidos al respirar, los wrymtianos comenzaron a tomar el control de todas las máquinas. Por supuesto, el objetivo de toda la invasión era reproducir el ambiente adecuado para conseguir la máxima transformación del entorno relativamente hostil de las grandes ciudades de la Tierra en un lugar adecuado para la raza alienígena, y para ello, era completamente necesario transformar la atmósfera, incrementar los índices de contaminación de manera exponencial, el PH del aire y los porcentajes de productos tóxicos... Por supuesto, si en vez de en Madrid o en Lisboa, los proyectiles hubieran impactado sobre Shangay o sobre cualquier gran ciudad de Oriente Medio, el trabajo de los nanobots habría sido mucho más sencillo, pero tampoco estaban programados para quejarse...


En esta modificación de la atmósfera, que se inició el 30 de octubre de 2009, tuvieron una tremenda importancia las máquinas, y cualquier tipo de dispositivo electrónico, desde el más humilde anti-cucarachas enganchado a la red, hasta el mayor complejo generador de energía, empezó, de manera silenciosa, a calentar primero el ambiente, el aire a su alrededor, en un par de centésimas de grado al día... Y al mismo tiempo, a ir catalizando aquellos contaminantes a su alcance, para iniciar la sintetización de la atmósfera wryntiana, a partir del pesado aire de la gran ciudad. Sí, es cierto, las zonas verdes, los parques como El Retiro, El Capricho o la Casa de Campo, eran los peores enemigos de las microscópicas fuerzas de choque, por lo que catorce meses después, coincidiendo con la navidad de 2010, una extraña plaga empezó a asolar todos los parques y jardines de la megalópoli: era una lucha a muerte contra la Naturaleza... y esta vez, también venció el invasor... En Barcelona, sucedió lo mismo: la naturaleza empezó a perder la batalla, las zonas sin viva alguna se propagaron como una plaga en el Parque Guel, en el Parc del Clot, en Collserola... hasta dejar una ciudad completamente yerma, donde la toda vida vegetal había desaparecido... En Lisboa, el Jardín Botánico fue el primero en caer, seguido de cerca por el Jardim Museu Agrícola Nacional, la Quinta da Regaleira... y hasta el último invernadero, hasta la última mata de hierba de la última azotea... Las tres ciudades fueron completamente arrasadas, cumpliéndose el plan en el plazo establecido...


De todas formas, tantos meses después de la infectación, a los seres humanos ya no les importaba una mierda el mantenimiento de los parques y jardines, de las plantas, de las flores, pues ya estaba comenzando la cuarta fase de la conquista: la modificación de las estructuras cerebrales, y de la forma de pensar y reaccionar... Si alguien hubiera estado libre de estas toxinas, tal vez se hubiera podido dar la alarma, denunciar lo que estaba pasando, pero de todas formas, ¿quién hubiera creído a la persona, que recién llegada a la Gran Ciudad, comprueba que todo el mundo se comporta de forma rara? ¿Quién podría haber dado la voz de alarma, por esos extraños comportamientos, tan sumamente destructivos para el medio ambiente, como volcar bidones de aceite industrial en las fuentes del Retiro, enterrar residuos tóxicos en medio de la Gran Vía, abrir zanjas innecesarias para contaminar los acuíferos, o marcharse de casa con todos los aparatos eléctricos funcionando a la vez, si estos comportamientos, y otros mucho peores, se convertían en algo normal? ¿Cómo podría, una sola persona, recién llegada, cambiar en algo las cosas?


Por suerte, en abril de 2015, cuando llegué a Madrid, procedente de mi pequeño pueblo en medio de las montañas, todavía no se estaba produciendo la quinta fase de la conquista (el contagio y la dominación de las mentes), y los nanorobots estaban demasiado ocupados polucionando la atmósfera, como para contagiar a más personas. Sí, a través de las esporádicas comunicaciones con mis primos, que se habían trasladado a la ciudad dos años antes, ya sabía que era una situación muy extraña la que me esperaba, que la Naturaleza era exterminada de manera sistemática, que incluso los antiguos posters con paisajes eran quemados en actos públicos, que los libros y enciclopedias que hablaban del medio ambiente eran sacados en procesión de grandes almacenes y bibliotecas, y quemados en multitudinarios autos de en la explanada del Palacio Real, y que se estaba persiguiendo duramente a los ecologistas... Pero nada de todo eso me había preparado para la desolación que encontré al bajar del autobús... Ni para mi primer contacto con la Resistencia...

OPERACIÓN ROSA AZUL (1): ESTALLIDOS EN EL CIELO


El 28 de octubre de 2009, a las 14:10, comenzó la invasión de la Península Ibérica... Pero nadie se ha dado cuenta.

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Huérteles, 12 de enero de 2021, cuartel provisional de la Resistencia.
En efecto, nadie se dio cuenta en su momento del comienzo de la invasión, porque nadie se molestó en mirar al cielo, en ese momento preciso en que se oyó un distante trueno sobre Móstoles, otro en la Puerta del Sol, un tercero en Navalmoral de la Mata, y tres o cuatro más, en diversas zonas de la Comunidad de Madrid... "Bah, será una tormenta", eso es lo que dijimos muchos... También se escucharon detonaciones similares en Lisboa y en Barcelona, mas allí, nadie prestó atención... Pero si hubiéramos mirado al cielo con más atención, es posible que hubiéramos notado que, en los minutos posteriores a los estallidos, una finísima llovizna de micropartículas, más ligeras que el aire, estaba descendiendo lentamente, con un índice de propagación siempre creciente (al final, fue de 200.000 a 1), sobre toda la ciudad... Sí, vale, doce años más tarde, y con todos los conocimientos que hemos obtenido, es muy fácil decirlo... Pero lo único cierto es que en aquél preciso momento, quedó decidido el destino, tal vez no de la Humanidad entera, pero sí de España y Portugal... Pues aquellas pequeñísimas partículas no eran elementos naturales, y ni tan siquiera estaban relacionadas con nuestro planeta: eran las tropas de choque de una civilización moribunda, procedente del espacio exterior...



Todo comenzó en el año 1810 (según el calendario terrícola), en un pequeño planeta de la constelación Alfa Centauro, que sus habitantes llamaban WRY632RT. Si bien en un primer momento era un planeta como todos los demás, con una atmósfera relativamente respirable, y abundantes recursos naturales, una superior tecnología, altamente destructiva para el medio ambiente, se convirtió en una forma de vida, o mejor dicho de muerte, que sumió a sus habitantes en una espiral de muerte. Siempre pendientes de fabricar más productos innecesarios, de consumir más alimentos, de desperdiciar más recursos naturales, de tener más y más de todo, poco a poco, fueron envenenando la atmósfera, el agua, la tierra... Pero por ello, no pararon ese proceso de destrucción, ni mucho menos: se fueron adaptando, sus cuerpos, sus mentes, para seguir destruyéndolo todo. Fue una orgía que durante décadas modificó incluso los componentes de los wryntianos, convirtiéndolos en una nueva forma de vida, basada en el ácido fluzósico, el kryptonio, el cadmio, el carbono y el cuproniquel. Esa era la fórmula, siempre y cuando se combinase con altísimas dosis de contaminación atmosférica, CFC´S y monóxido de carbono.


Alrededor del año 1923 (calendario terrestre), los wryntianos empezaron a enfermar, y a morir. Incluso para su propio organismo, brutalmente modificado por la contaminación atmosférica, por las emisiones de gases de efecto invernadero, por las radiaciones estelares, la supervivencia era imposible. Por ello era necesario buscar un nuevo planeta en el que vivir, siempre y cuando reuniese las condiciones necesarias para garantizar, al menos en un primer momento, la supervivencia de la especie. Y por otra parte, se imponía encontrar una manera de transportar toda la civilización de la manera más realista posible, teniendo en cuenta las limitaciones del espacio-tiempo, y la necesidad de energía durante el viaje.


Lo más "sencillo" fue encontrar el planeta adecuado, ya que eran muy escasos los mundos habitados con la tecnología necesaria: sondas capaces de alcanzar velocidades próximas a la de la luz, radiotelescopios orbitales de gran potencia, y otras técnicas similares. Por su carácter excesivamente natural, enseguida decidieron olvidarse del planetoide ubicado en el Cinturón de Orión, puesto que sus habitantes, formas de vida basadas en el silicio, eran escrupulosa y enfermizamente respetuosos con el medio ambiente... También descartaron las lunas de Júpiter,el planeta Moria (demasiado contaminado incluso para ellos), y el sistema gemelar Yin-Yun (abocado a la extinción completa dentro de mil años terrestres)... Pero al final, tuvieron suerte con la Tierra, ese planeta dominado por el agua (útil como combustible), y sobre todo, con una atractiva capa de deshechos espaciales, y unos índices de contaminación atmosférica que, con un poco de trabajo duro, podrían resultar altamente prometedores...


La segunda cuestión, el traslado, fue resuelta brillantemente por los científicos: en vez de fabricar naves capaces de llevar a los wryntianos, con sus dos metros y medio de altura, sus potentes miembros y su gran peso, era más sencillo convertirse en unos invasores más sutiles, imitando las plagas. Por ello, se logró miniaturizar los componentes esenciales, para convertir a los propios humanos en una primera fase, en una larva que precisaría un periodo de maduración y de crecimiento, durante el cual también lograría contagiar a otros organismos autóctonos, para dar paso, cuando el ciclo se hubiera completado al menos en una parte del planeta, a los auténticos wryntianos. Como en la Tierra no había las concentraciones suficientes de ácido fluzósico y de kryptonio para realizar la metamorfosis final, ambos componentes también se agregaron a la mezcla. El resultado de largos años (terrícolas) de investigaciones respondió a los esfuerzos realizados: unas nanopartículas, dispersables por el aire, que accederían al organismo a través de los pulmones, y con la capacidad de replicarse en el interior del receptor, para irlo modificando desde dentro hacia afuera, para en un último paso desarrollar los hermosos exoesqueletos característicos de la civilización moribunda... También se incluyeron todos los conocimientos necesarios para ir envenenando paulatinamente el planeta, y la propia memoria genética colectiva de la especie, para que las despreciables larvas de humanos colonizados supieran cual era su orgulloso y destacado origen, y pudieran seguir efectuando modificaciones genéticas para regresar a aquél Ideal de mente colectiva...



Cuando ya estaba casi ultimado el proyecto, surgieron varios problemas de última hora: el primero, el combustible, un elemento exótico muy escaso en el planeta, por lo que solamente se podrían enviar diez cohetes interestelares, conteniendo cada uno de ellos cuatro cabezas polilobulares cargados de nanopartículas. Por lo tanto solamente había cuarenta oportunidades de alcanzar la Tierra. El segundo, que cada una de estas cabezas debía detonar a doscientos cincuenta metros del suelo, para garantizar la mayor dispersión posible. El tercero, que si no había ningún receptor listo en aquél momento, las partículas desaparecerían enseguida. Y el cuarto, pero no menos importante, que el nivel de contaminación ambiental debía ser lo suficientemente elevado para favorecer la eclosión y la infección de los receptores. Por sus logros a la hora de garantizar la pervivencia de su civilización, los investigadores fueron condecorados. Mas por los problemas de última hora, en cuanto se lanzaron los cohetes, fueron ejecutados. "En WRY632RT todo fracaso es castigado", como dice el refrán.

Después de varias décadas de viaje, durante las cuales lentamente agonizaba el planeta, envuelto en sus nubes de ácido y de polución, los cohetes llegaron a la atmósfera de la Tierra... Uno de ellos impactó directamente contra un satélite de comunicaciones, otro destrozó la estación espacial internacional, el tercero y el cuarto se hundieron en la Fosa de las Marianas, el quinto provocó una avalancha descomunal en el Himalaya, el sexto cayó sobre el Desierto del Serengueti... pero los otros cuatro detonaron sobre Madrid, Barcelona y Lisboa...

LOS MISTERIOS DE LA ISLA DE LOS FRAILES


Algunos lugares, con el paso del tiempo, se quedan impregnados con extrañas presencias, con recuerdos de acontecimientos, unos terribles, otros no tanto, de un pasado muy remoto. Si es un edificio, casi siempre se habla de fantasmas (como el famoso espíritu de la Duquesa, en el Palacio de Parcent de Madrid)... Si es un objeto, como el coche "Christine", surge una leyenda... Pero... ¿Y si el fenómeno afecta a toda una isla? ¿Si nadie consigue explicar de manera lógica y racional lo que pasa? ¿Si los mismos capitanes de los barcas que encallan en las rocas no consiguen hacer otra cosa que añadir capas y más capas a lo que puede ser uno de los modernos misterios del País Vasco?





Entonces, y como no puede ser de otra manera, surgen los mitos, lo inexplicable, o aquello de lo que nadie quiere hablar... Como los misterios de la Isla de los Frailes, en el Cabo Vilano. Los datos generales sobre la isla son bien conocidos: está ubicada en Górliz (Vizcaya) frente al cabo Vilano, y el apodo le viene de su forma vista desde el mar, que semeja a un grupo de frailes cubiertos por las capuchas de sus hábitos. Es pequeña, unos 300 metros, y tiene la forma de un dragón recostado. La única vegetación existente es una pequeña capa de hierba. Oficialmente, nunca ha estado habitada, y su mayor interés es que sirve de lugar de anidación para gran cantidad de aves. Esa es toda la información que se puede localizar en las fuentes tradicionales...





Sin embargo, los más viejos del lugar, y sobre todo los antiguos pescadores, hablan de "cosas raras", de "luces misteriosas que surgen en mitad de la noche", de "extrañas siluetas en la parte superior", y de "voces oscuras"... Nadie quiere hablar del tema, las autoridades lo niegan con vehemencia, y para alguien que no sea del lugar es tremendamente complicado vencer la natural desconfianza, para obtener la información... Y nada mejor que los bares tradicionales de pescadores para conseguirlo, como por ejemplo, el bar Kapritxo de Muskiz... Lo más curioso es que, cuando dices el nombre de la isla, y comentas que quieres escribir sobre su historia, o bien cambian de conversación, o bien se levantan educadamente de la mesa, o directamente, otean con gran interés el fondo de su vaso de pacharán...



Me han contado cuatro historias sobre la isla, cada una de ellas con el mayor de los misterios, y con el compromiso de no citar ni a los "confidentes", ni los lugares donde hablamos, al margen de no facilitar datos que permitieran identificarlos... cosas que, por supuesto, he respetado...



"Es falso que la isla haya estado siempre deshabitada, si bien es cierto que las condiciones son realmente espantosas: no hay agua potable, no hay lugares, en principio, donde resguardarse del viento, y cuando hay tormenta, las olas se estrellan contra la costa con una tremenda furia. Sin embargo, el 23 de mayo de 1406 una extraña comitiva, integrada por tres monjes con hábito marrón y un burro, acudieron a la vecina villa de Górliz, solicitando del alcalde el permiso para instalar una pequeña comunidad religiosa en la isla, ya que de esa manera conseguirían alcanzar el aislamiento necesario para sus oraciones y sus votos. "Pero... ¿conocen ustedes la ubicación de la isla, sus características? Piense usted que es un islote, continuamente batido por el mar, por el viento, que no hay agua caliente, ni alojamiento, ni comida..." Sin embargo, el más alto de los tres personajes, se limitó a sacar veinte piezas de oro de una pequeña bolsa, y responder: "Confío en que con este dinero será suficiente para comenzar las obras necesarias. Necesitaremos tres personas para que construyan una pequeña capilla en la isla, y nuestras celdas adosadas. Mientras tanto, nos alojaremos en las caballerizas. También habrá que pagar a los barqueros, y a quienes nos alimenten." Dicho esto, y evidenciando por su actitud y comportamiento que se trataba de una persona de alcurnia, acostumbrado a la obediencia, el misterioso personaje se retiró, dejando al alcalde a cargo de todo.



Lo más complicado fue el conseguir que un barquero efectuase cada día los viajes necesarios para trasladar mano de obra y materiales desde Górliz hasta la isla, en parte por los fuertes vientos, y también por las enormes dificultades para atracar y descargar en aquél peñón ignorado... La primera expedición casi termina en catástrofe, pues un fuerte golpe de mar lanzó la barca contra la costa, y solamente la pericia del piloto consiguió evitarlo en el último momento. Un pescador de la zona aconsejó que los viajes se realizasen siempre con la marea baja el alba, aunque fue necesario que un marino escalase la pared rocosa con una cuerda en la cintura, para improvisar una rudimentaria polea atada a uno de los escasos árboles de la isla, cercano al acantilado... Esto simplificó mucho las tareas de acarrear los materiales, básicamente sacos de arena, paja, cañizo, pues se optó por utilizar ladrillos de un tipo especial de adobe, reforzado con piedras recogidas en la isla. De cualquier modo, el acarreo de los elementos necesarios, en el que trabajaron dos barcas de pesca, y una decena de mozos, se prolongó casi tres semanas. Para la construcción de la capilla y los alojamientos se invirtieron casi dos meses, puesto que los ladrillos tardaban mucho en secarse, a pesar de las elevadas temperaturas, y del pequeño horno que improvisaron los operarios. A finales de julio, los tres monjes pudieron celebrar su primera homilía en la capilla, dedicada Nuestra Señora de los Desamparados.



La vida en el cenobio era sencilla, y la mayor parte del tiempo la dedicaban los hermanos a la oración... y a la acción, puesto que los fuertes vientos, las lluvias y las olas embravecidas, que en ocasiones llegaban a la parte superior del acantilado, requerían constantes reparaciones en la techumbre de madera recubierta de adobe. Una vez por semana se recibían los suministros de comida, agua y combustible, puesto que no había absolutamente ninguna materia prima en la isla. Durante cuatro años, hasta la primavera de 1409, los frailes vivieron consagrados a la oración, y a los ocasionales rescates de los pescadores que eran arrastrados hasta las escolleras por los golpes de la marea... Sin embargo, el 12 de mayo, una tremenda galerna azotó la isla durante más de diez horas, con olas gigantescas y fuertes vientos, que aullaban en toda la bahía. Incluso en Górliz se produjeron grandísimos daños, quedando más de la mitad de la villa destruída. Hasta el 14 de mayo no se calmaron las olas lo suficiente para permitir que el alcalde enviara una embarcación a la isla... "No queda nada, nada... Ni la capilla, ni las celdas, ni la pequeña huerta, ni siquiera la tumba del monje que pereció el año pasado... Es como si nunca hubieran existido..."



Así terminaba el primer intento de ocupación permanente de la Isla de los Frailes... Que sin embargo, no fue el último... Entre junio y septiembre de 1813 tuvo lugar uno de aquellos acontecimientos que la memoria colectiva intenta olvidar a toda costa: el internamiento de 200 soldados franceses y tropas auxiliares. No se conservan los datos sobre el promotor de la iniciativa, pero en los archivos del Museo del Ejército se conservan diversos fragmentos de informes confidenciales, que reproduzco a continuación...




"Tras la gran derrota en la batalle de Vitoria del 1813, y ante la enorme cantidad de soldados y tropas auxiliares franceses que fueron apresados (más de 2.000), era imperioso disponer de un lugar seguro para confinarlos, puesto que no en vano eran considerados como los más duros, la 4ª División de Conroux, perteneciente al Ejército del Mediodía francés. Un ayudante vasco del teniente general Thomas Picton sugirió que se llevase a los prisioneros a diversos centros de detención, en lugares de fácil custodia, mientras durasen las acciones bélicas." (...)




"El traslado comenzó por tierra el 25 de junio de 1813, y se alcanzaron los acantilados bajo el faro a primeros de julio. El estado y el ánimo de los prisioneros franceses seleccionados para la Isla de los Frailes era bastante bueno, sobre todo considerando que la mayor parte de ellos iban descalzos, y sin ropa de abrigo, constituyendo su patrimonio una manta para resguardarse por la noche, y algo de ropa limpia. El traslado a la isla, en barca, requirió la movilización de casi todos los pescadores del pueblo de Górliz, y fue especialmente complicado."




"No se realizó ninguna tarea de preparación de la isla para establecer el campo de prisioneros. La superficie es de roca, y no se les proporcionó material alguno para fabricar alojamientos. Solamente se les entregaron diversas cargas de leña, que utilizaron en parte para construir unas rudimentarias tiendas de campaña, bajo las que refugiarse del inclemente sol, de las ráfagas de viento y las olas. La comida, escasa, eran sobre todo sacos de garbanzos y judías, mas unos barriles de tocino añejo. También se proporcionó a los 200 prisioneros dos grandes ollas de cobre, y un determinado número de barriles de agua potable. Los suministros eran enviados cada dos semanas, por barco, y subidos a los acantilados con una polea. (...) El primer fallecimiento se produjo el 10 de julio, por una caída: el soldado Jean Bal. El 14 de julio, dos soldados perdieron la vida en una pelea. El 30 de julio, una tormenta repentina hundió las lanchas que llevaban las provisiones, y hasta el 10 de agosto no cesó la tempestad..."




"La isla está desolada... Hay cuerpos por todas partes, entre el hambre, la sed y las privaciones de todo tipo, una decena de soldados se mantienen en pie, más o menos vivos. Los demás, están muertos, o agonizan. Por un estúpido accidente, se quedaron sin agua potable el 26 de julio, al caerse por el acantilado el barril principal de agua, de unos 600 litros. Intentaron recoger agua de lluvia los siguientes días, pero con escasos resultados. Los garbanzos se echaron a perder con la humedad, y solo la octava parte era comestible. Las judías tampoco se encontraban en buenas condiciones: ha sido una barbaridad el no dotarles tan siquiera de una despensa o un lugar donde cocinar. (...) Para mantener las reservas, escasísimas, de agua potable, cocinaron las legumbres directamente en agua de mar. El escorbuto no tardó en hacer su aparición. Los cadáveres eran arrojados al mar ante la imposibilidad de sepultarlos, a veces lastrados con piedras, y otras, sin más que los bolsillos llenos de piedras."




"De haber recibido los suministros en la fecha prevista, se habrían salvado más soldados. Hasta mediados de agosto los voluntarios no consiguieron estabilizar a los supervivientes, por su extremada debilidad. Por miedo a una nueva galerna, se optó por trasladarlos a todos ellos a la costa, mientras que los cadáveres que no habían sido arrastrados por el viento o la fuerza de las olas se amontonaron y quemaron en la parte central de la isla, junto a los escasos restos del cenobio. Durante varios días, los 10 supervivientes permanecieron alojados en la villa de Górliz, de allí fueron trasladados a otro campo de prisioneros, hasta el final de la guerra. Se les pierde la pista tras su liberación."




La tercera historia, de alguna manera, es más reciente que las anteriores, pues se basa en el testimonio de Marcial Aranztibia, uno de los últimos buzos que se arriesgan a bucear en las traicioneras aguas de la isla.


Marcial siempre ha sido un enamorado de la fauna submarina, de las criaturas que pueblan las aguas, tremendamente fértiles, de la Isla de los Frailes. En los últimos años, y buceando casi siempre en solitario, se ha dedicado a explorar cada grieta, rescatando del olvido pequeños trofeos... "Cuando es un día soleado, no hay demasiado problema para observar los distintos objetos que se encuentran en el fondo, pues de todas formas, no hay más de 20 metros hasta la superficie. Suelo venir con una zodiac desde Górliz, y echo el ancla cerda del punto que más me interesa. Aquél domingo estaba junto a la Cabeza del Dragón, cuando de repente, veo algo, lo que parece ser una esfera... Hace un par de días hubo una galerna, y todo el fondo se había removido a conciencia... Cuando me acerco, compruebo que es parte de un rosario, de hierro macizo, y que su peso, más de cinco kilos, mantiene hundido lo que parece ser un crucifijo de tamaño mediano, y una pequeña arqueta de piedra. Normalmente, no tendría que haberlo tocado, pero ante el riesgo de que se perdiera por segunda vez con una nueva tormenta, lo subí a la embarcación, dentro de un cubo lleno de agua de mar, y puse rumbo al puerto más cercano. Allí, casi sin tiempo de quitarme el traje de neopreno, me dirijo al "Arrantzalearen etxea"(Hogar del Pescador), donde me encuentro con Iñaki Agurmendieta, conservador del Euskal Muesoa (Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco) de Bilbao que se ha tomado un semestre sabático, para terminar su segunda novela.



Cuando me ve entrar en el Hogar del pescador, con dos cubos rebosantes de agua, algo intuye, pues me dice: "¿Qué, Marcial, ya has encontrado una plomada del siglo XVII, o los restos de un barco?", con cierto aire socarrón... "No, Iñaki... Creo que lo que he rescatado del mar es bastante más valioso...", le respondo, al mismo tiempo que dejo encima de la mesa el cubo... De alguna manera, intuyo que se sorprende, y luego, muestra un gran interés, al mismo tiempo que inspecciona el contenido... "¿Dónde has encontrado esto?", me pregunta... "En la Cabeza del Dragón, en una zona despejada por la galerna...", le respondo... "¿Sabes lo que es?", me dice... "Creo que algo muy antiguo, el final de un misterio de hace 600 años, quizás..." "¿Te importa que me lo lleve a Bilbao, y lo analicemos en el Museo? Es muy importante que se haga lo antes posible, para que se pueda conservar..." "Me parece bien... pero si es lo que yo creo que es, me gustaría que pusierais mi nombre, como descubridor..." Dicho esto, y tras pagar la cuenta, Iñaki cogió su coche, y se va al laboratorio principal del Euskal Museoa... del que no sale en dos días completos, salvo para las funciones más básicas... Junto a su compañera Leyre, trabajan contra reloj, para preservar todos los objetos... ya que una exposición prolongada al oxígeno, después de tantos años en el fondo del mar, puede ser fatal...



El rosario permite aclarar, por sus peculiaridades, la identidad del portador, lo mismo que el crucifijo de gran tamaño... Pero el objeto más interesante desde el punto de vista histórico es la arqueta de piedra tallada, y su contenido, dos finas tablillas, con una serie de caracteres profundamente grabados en latín. Su contenido permite aclarar muchas dudas, pues en ellas está descritos los últimos días de la Congregación Mendicante, que desapareció por completo en la noche del 12 al 13 de mayo de 1409. Estos son algunos de los fragmentos descifrados:



"Hermanos en Cristo (enero de 1407): quizás el Señor no desea que hagamos Su obra en esta isla. Las condiciones de vida son muy duras. (...) ni comida ni agua, si no la traen. El generoso donativo de nuestro benefactor nos permite a duras penas pagar los servicios de los constructores. (...) No dormimos apenas cuando hay tormenta, por temor al viento."



"Hermanos en Cristo (junio 1407): las tormentas son terribles, pero las aceptamos como pruebas de la benevolencia del Señor Nuestro Dios, pues nos permite seguir con vida. Hoy se ha hundido la celda del Hermano Sebastián, atrapándolo entre los cascotes. Ha entregado el alma a la hora de Maitines."



"Hermanos en Cristo (julio 1407): hemos tardado un mes en cavar la roca para dar sepultura al Hermano Sebastián, usando cinceles que dejaron los constructores, y rocas a modo de martillos. Con todo, solo hemos agrandado una oquedad cerca de la capilla. Mientras, el cuerpo ha quedado al sol, pero lo regamos con agua de mar.(...) Lo cubrimos con rocas."



"Hermanos en Cristo (junio 1408): naufragio de un mercante cerca de la isla. Olas tremendas impiden el rescate. Mueren todos. La tormenta arrastra varios cuerpos. No podemos hacer nada."



"Hermanos en Cristo (octubre 1408): naufragio de un barco de pasajeros. No hay supervivientes. Nuestras oraciones, nuestras rogativas, no son escuchadas. El cadáver de un niño encalla en las rocas."



"Hermanos en Cristo (febrero 1409): gran tormenta, destruye las dos celdas. Dormimos en la capilla, que soporta embestidas del viento y la lluvia."



"Hermanos en Cristo (abril 1409): el Señor no acepta nuestra presencia en la isla, y Nos impone todo tipo de pruebas. No tenemos comida. Nos refugiamos en la capilla. Mañana llevaré a lugar seguro lo poco que queda de nosotros. Que el Señor tenga piedad."



No hay más entradas en las tablillas de piedra, salvo inscripciones parciales borradas por el agua. Posiblemente, el hermano fracasó en su intento de poner a salvo los restos de la fallida Congregación. Y así termina la historia de Marcial... cuyo nombre figura en la vitrina, dedicada a la Isla de los Frailes, en el Euskal Museoa de Bilbao.



Cosme Rodríguez ha sido toda su vida un atleta: aficionado al ciclismo, a la escalada, a la natación, al paracaidismo y al submarinismo, desde hace casi quince años tiene la afición de buscar nuevos retos durante sus vacaciones de verano, por eso, la Isla de los Frailes le permitía practicar casi todos los deportes. Por eso, una cálida mañana del mes de julio, y con una temperatura del agua de 20 grados, decide emprender la travesía. Se ha equipado convenientemente, con un mono integral de neopreno, aletas, gafas, bombona, y arrastra un pequeño esquife con todo el equipamiento que puede necesitar: las cuerdas, fijadores, piolet, un hornillo, raciones de supervivencia, manta térmica...


"Es cierto, podría haber utilizado una zodiac, o haber contratado un pescador para que me llevase hasta la isla, pero habría sido traicionar el espíritu aventurero, influido tal vez por demasiadas novelas de Clive Cussler... No ha sido sencillo acarrear todo el equipo hasta la orilla, he tenido que descolgarlo por el acantilado con una polea con la ayuda de mi hermano Rómulo, y luego, he bajado haciendo rappel. Una vez en la base, he preparado todo lo necesario para la aventura, y a mediodía, he comenzado a nadar. Ha sido duro, sobre todo por las corrientes, por la manera en que el agua arrastraba la balsa, y en varias ocasiones he tenido que aferrarme a ella para descansar.


A las tres y media de la tarde, cuando estaba inspeccionando la parte inferior de los acantilados, y después de haber atado la balsa a un afloramiento rocoso, me ha sucedido algo sumamente extraño: algo muy grande ha caído a mi lado, mientras buceaba. Al levantar la cabeza, he visto un cadáver, reducido a piel y huesos, hundirse lentamente delante de mis ojos... Segundos más tarde, otro cadáver, con un peso atado a los tobillos, se ha estrellado a pocos centímetros de mis piernas... Al seguirlo con la mirada, mientras a mis espaldas escuchaba otro impacto, he visto en el fondo, a no más de 20 metros, poblarse lentamente de cuerpos humanos, no me he parado a contarlos... porque de todas formas, rápidamente se desvanecieron... De cualquier modo, tenía demasiada prisa por salir del agua... Aseguré la balsa con todo el equipo que no iba a necesitar, y me puse con la escalada, ansioso por alejarme de aquél macabro descubrimiento submarino...


La ascensión por los acantilados tampoco fue sencilla, pues en algunas zonas la piedra estaba muy resbaladiza, y en otras, demasiado astillada... Tardé casi dos horas, porque se trataba de roca virgen, y los apoyos eran mínimos, serían las seis de la tarde cuando llegúe a la cumbre del acantilado, situada en la espalda del dragón, y planté entre unas rocas la típica banderita española, recuerdo de los Mundiales de 2010... Estaba muy cansado, por lo que hice poco más que buscar un sitio para descansar, pues a la mañana siguiente quería levantarme al alba, para realizar una foto del amanecer... Lo que no podía imaginar en aquél momento sería que no iba a dormir nada aquella noche... ni en otras muchas...


Siempre me gusta conseguir unas mínimas comodidades durante mis expediciones, por lo que había subido hasta la cumbre una ligerísima tienda de alta montaña, de mástiles de fibra de carbono, lona termoaislante, y lo bastante resistente para soportar cualquier lluvia o tempestad. Para mayor protección, escojo un repliegue rocoso, en el que se conservan algunos ladrillos dispersos, y lo que parecían ser unas pequeñas muescas realizadas en la roca, con algún instrumento metálico. También encuentro diversos lugares en los que se conservan las huellas de varios fuegos en la roca, que hablan de una ocupación anterior de la isla... Después de comer algo, me meto en la tienda, dentro de mi saco acolchado, y cierro los ojos... Igual he soñado el resto...


En mitad de la noche, sería poco más de las once según mi reloj, oigo los ruidos de lo que parece ser un grupo de personas, que acuden a la zona de la espalda del dragón en la que yo me encuentro. Lo primero que me viene a la mente es algo muy sencillo: ¿Cómo habrán conseguido escalar los acantilados en plena noche, si yo he tardado más de dos horas, a pleno sol? Les oigo hablar en francés, y decido sacar partido de mis estudios de idiomas... y también escucho el ruido de un cazo en una gran perola... Pero en cuanto salgo de la tienda, comprendo que no hay mucho que yo pueda decir o hacer... Ante mí van desfilando una lenta procesión de espectros, vestidos de harapos, que caminan despacio hacia lo que parece ser una improvisada cocina de campaña... No pueden verme, ni oirme, y de todas formas, tampoco siento miedo...Movido por la curiosidad, me incorporo a la procesión, y mis manos se superponen con las de un hombre, que tiende al cocinero una escudilla de barro, en la que primero vierten una media de agua (medio vaso), y en cuanto la bebe, dos medidas de judías viudas, aguadas, que se lleva para comer en otro lugar... No hay sitio a donde ir, y los hombres se apiñan en el suelo, quizás para darse calor, pues ha refrescado mucho, y se levanta el viento...


Amanece de repente, y los hombres siguen repartidos por el suelo. Uno de ellos está grabando en la roca unas muescas, tal vez para saber el tiempo que llevan en la isla... No hay nada que hacer, no tienen cuerdas, ni sedales, para intentar pescar algo. Bajar hasta la orilla rocosa es una misión de suicidas, y veo despeñarse a dos hombres... Un pequeño grupo ha escogido sestear cerca de la cabeza del dragón, y han confeccionado con algunos palos sobrantes y restos de lona un pequeño toldo, que les proteje del sol... Otros intentan cazar gaviotas a pedradas, y cuando tienen suerte, incorporan los cuerpos sin desplumar a la sopa... No hay casi judías ni garbanzos, y el tocino restante lo han tirado por venenoso...


Llega la hora de comer, y solo reciben una medida de agua, y otra de caldo... Amanece y anoche varias veces... Empiezan los saltos... Demasiado calor, demasiada hambre, nada de esperanza, son soldados en tierra extraña... Cuando uno de ellos se levanta, con la mirada perdida, y se llena los bolsillos de piedras en su breve camino hacia el borde del risco, nadie se lo impide... Y salta... No es posible sobrevivir a la caída, y menos en sus estado físico... Quien sabe, a lo mejor pretenden que sus cuerpos lleguen a la orilla de Górliz, que de alguna manera alcancen el refugio del enemigo... No hay esperanza...


De repente, estalla una feroz tormenta.... El viento, y las olas, azotan la parte superior de los acantilados. El escriba hace días que abandonó su tarea, al morir de hambre... No hay comida, ni marmita, ni agua dulce, ni nada... Cuando todo pasa, no hay casi vida en la Isla de los Frailes: 190 soldados franceses han muerto entre el 25 de junio y el 10 de agosto de 1813. Los encargados del rescate, una mezcla de marinos y de soldados españoles, se estremecen al comprobar la extrema penuria de los vencidos. A falta de espacio para los enterramientos, los cadáveres son lanzados por el acantilado, y los vivos, evacuados en lanchas hasta Górliz, donde descansarán unos días hasta recuperarse lo suficiente, para ser enviados a otro campo de prisioneros. Las investigaciones realizadas por el alcalde permiten descubrir que el dinero destinado al equipamiento de los presos, y sobre todo a la comida, ha desaparecido en su totalidad de las arcas; y tampoco se puede localizar al encargado del avituallamiento, un "señorito de Soria" que iba a tramitarlo directamente...


Amanece de nuevo, abro la tienda, y estoy solo. Lo primero de todo, compruebo mi reloj, pues he perdido el sentido del tiempo, y no estoy seguro del los días que he pasado allí... Pero solo ha sido una noche... Luego, recorro la isla entera, buscando las huellas de todo aquello que he visto durante la noche...Y de algún modo lo consigo... Localizo más grabados en la roca, una serie de nombres, que supongo serían de los difuntos. También localizo otros restos, en una oquedad junto al borde del acantilado: lo que parece ser una piedra por cada hombre... Pienso que ha sido un sueño, una pesadilla más bien... Pero el último hallazgo, dentro de mi tienda, me demuestra que no todo ha sido un sueño... Sepultada por el saco, encuentro una escudilla de barro cocido, como las que llevaban los espectros...


Hastiado de tanto sufrimiento, llamo a mi hermano Rómulo, para que ponga en marcha la operación de recogida con la zodiac, y tras recoger las huellas de mi campamento, y rezar una breve oración por los muertos, emprendo el descenso por el acantilado... Unos días más tarde, en los archivos de la alcaldía, encuentro en un legajo las pruebas que necesitaba para confirmar el trágico final en la Isla de los Frailes..."

Oficialmente abandonada, de escaso o nulo interés militar o estratégico, a escasa distancia de la costa, y sin embargo, envuelta en varias capas de misterios... La Isla de los Frailes, o del Dragón, permanece anclada en el tiempo...

EL RETORNO DE LA PALABRA

-UNO-

... Y con la mirada perdida en los recuerdos, la noche le devuelve su reflejo... A través de aquella ventana, ahora oscura, ella acechaba, cada tarde, la esquiva silueta que en algún momento aparecería entre las pequeñas colinas que separaban el sombrío caserón de la orilla del mar... Tierra negra, agua azul, los contrastes de temperatura en aquella zona de la isla, olvidada por todos... Y ella solo tiene dos cosas: sus confusos recuerdos y sus sueños... Y un temor: quedarse a solas con él, cuando finalmente se decida a entrar...


Cada tarde, en su errático deambular por las colinas o por la orilla, ella parece encontrarse un poco mejor, acercándose un poco más al límite de la zona herbosa, que a duras penas logra combatir la lenta pero inexorable invasión de la arena negra... Sebastián Pérez, el jardinero, siempre está protestando por lo difícil de su tarea, por lo absurdo de pretender mantener un jardín tan grande en una propiedad donde no hay energía eléctrica, no tanto por falta de medios, que aunque ajustados, los hay, sino por un extraño cariño de Don Bautista Lascasas, el último propietario del viejo caserón, hacia los siglos XVIII y XIX... Su primera orden, en cuanto finalizaron los trámites, fue la de arrancar todos los cables de la luz de la casa y de las dependencias auxiliares, e instalar una nueva red de canalizaciones de gas, para alumbrado y cocina... aunque las habitaciones se calientan mediante radiadores desde una caldera de carbón en el sótano, y si es necesario, se ponen en funcionamiento algunas salamandras que se han distribuido para ese fin por toda la planta baja...


Adentrarse en Villa Rosita es, por lo tanto, efectuar un viaje hacia atrás en el tiempo, donde el mayordomo (Federico Robles) va siempre de librea, la cocinera (Gloria Gonzalez) lleva un uniforme impecablemente blanco, y la gobernanta (Eugenia Irujo) se ocupa personalmente de los uniformes de todos, con la ayuda de dos chicos para todo (Lucas Benitez y Pietro Romano), se encargan de controlar cada detalle de la vida diaria... Don Bautista, un maduro caballero de edad imprecisa, viudo desde hace más de doce años, y en la actualidad jubilado tras una honrosa carrera dedicada a la abogacía y a la docencia universitaria, necesita aislarse del mundo exterior, y dedicarse a sus grandes pasiones: la botánica, la música clásica (es un discreto violinista, pero un virtuoso del piano), y realizar largos paseos por la zona privada de la isla... En aquél lugar, por lo tanto, la música procedía de los instrumentos o de un viejo gramófono; la luz, de los apliques y lámparas de gas, y de las velas y candelabros, y de las chimeneas; el calor, de los radiadores y las estufas; y las sábanas eran de algodón y lino, las mantas de lana, las cortinas de brocado, los sillones de orejas, las estanterías de recia madera de pino, y en cuanto a los libros, no había nada posterior a 1914... Como mucho, algún tratado de botánica de 1918...


Al principio, el personal de la casa hacía comentarios, del tipo "Pobre don Bautista, la muerte de su esposa Elvira le ha trastornado la mente", o bien "Pobre hombre, sin televisión, ni radio, sin películas, con un único teléfono de baquelita (pero perfectamente operativo)... Y que nos haga a nosotros vivir en las mismas condiciones..." Sin embargo, en cuanto pasaron tres o cuatro meses, todos ellos, incluso Pietro y Lucas, los más jóvenes del grupo, empezaron a encontrarle cierto encanto a aquél tipo de vida, tan relajada, donde el único contacto con el resto del mundo se producía a través del cartero, que venía a la isla cada quince días con un pequeño bote a motor; o de los chicos del colmado, que siempre avisaban con antelación de cada entrega, para no alterar el ritmo, casi monacal, de la vida en Villa Rosita... Y así se habrían mantenido las cosas, inmutables con el paso de los tiempos, si no fuera por aquella mañana de jueves, once de marzo, más de dos meses atrás, cuando Federico Robles la encontró, tendida sobre la playa de arena negra... en el límite superior de la marea...


-DOS-

"Al principio, pensé que estaba muerta, -comentó más tarde a don Bautista y al resto del personal-, porque estaba tendida boca arriba, con los ojos en blanco y parcialmente cerrados, la boca abierta, el cabello negro desparramado a su alrededor... ¡Pobrecita, con las algas agarrándose todavía a sus piernas, con un exiguo biquini blanco, por única vestimenta! ¡Y con ese corte en el cuello, que todavía rezumaba sangre! En aquél momento, solo lamenté una cosa: el no tener un teléfono móvil para pedir ayuda..."


Con la mayor rapidez que le permitían sus cortas piernas y su edad, Federico se fue hacia la casa, intentando llamar la atención de cualquier otra persona que le ayudase a llevar a la chica a un lugar más cálido y seco, pues al inclinarse sobre ella, pudo comprobar que su pecho se elevaba de manera rítmica, y su pulso, aunque débil, era perceptible al tacto. Con quienes primero se encontró fue con Gloria, la cocinera, y con Eugenia, la gobernanta, y enteradas de la situación que el mayordomo les expuso someramente entre asmáticos jadeos, descolgaron una de las sábanas que estaban recogiendo en el tendedero, se fueron corriendo hacia la playa...


"A pesar de que el trayecto era corto, aseguraba Gloria, se me hizo eterno, los trescientos metros más largos de toda mi vida... Y cuando la vimos allí, a la pobrecita, tirada sobre la arena, tan vulnerable, con tan poca ropa... ¡Pero si tenía los labios amoratados por el frío! Lo primero de todo, le pusimos un pañuelo de blonda grande y limpio para vendarle la herida del cuello, y luego, entre las dos, la medio envolvimos en la sábana, y la trasladamos hasta la cocina de la casa, que con mucho, era la habitación más cálida de toda la casa... Allí estaban, esperándonos, todos los demás miembros de nuestra pequeña familia, y con la ayuda de Sebastián, la subimos a la gran mesa donde comíamos habitualmente, que los chicos habían despejado con rapidez... y rompiendo un par de vasos por el camino... Parecía exhausta..."

"Pero no te olvides de lo más importante, la cicatriz de apendicitis de casi veinte centímetros, el tatuaje con el dragón negro en el hombro derecho... y ese corte tan horrendo en el cuello... que seguía rezumando algunas gotas de sangre... Y aprovechando que todas las estufas de la casa estaban en funcionamiento, procedimos a desnudarla, para ver si tenía alguna otra herida, y luego la lavamos en un gran barreño, destinado a las sábanas y las cortinas. Su piel era muy blanca, y suave al tacto, y su pelo, una vez libre de toda la sal, era largo y muy cuidado..." Eugenia describe después cómo la visten con un mono y una y una camiseta de los chicos, y la ropa interior, igual que los calcetines y las zapatillas de felpa se la presta Gloria, pues tienen más o menos la misma talla...


"Mientras la bañábamos, se despertó, o al menos abrió los ojos, mediante algunos gestos, hicimos que se tranquilizase, y pareció que nos entendía, pues no volvió a revolverse. Se puso de pié en el barreño para que la secásemos, y era como estar asistiendo al nacimiento de Afrodita, con la diferencia del color de pelo... Nos dejó vestirla sin problemas, y nos quedamos con ella en la cocina, mientras se tomaba un tazón de Cola-Cao, con alguna dificultad por la herida del cuello...", termina Gloria...


"¿Entonces, desde que se ha despertado, no ha pronunciado ninguna palabra? ¿Y no tiene más heridas en todo el cuerpo, salvo la del cuello? -ante el gesto negativo de las dos mujeres, el doctor sigue hablando- Bien... ¿y se han fijado por si tenía algún tipo de marca de pinchazos en brazos o piernas? ¿Le olía el aliento a alcohol?" Aunque el doctor Rodríguez ya había realizado un examen exhaustivo de la desconocida, siempre se fiaba del criterio de aquellas dos mujeres, a quienes conocía desde hace más de quince años, cuando se mudaron a la isla una vez terminadas las obras de reforma y re-acondicionamiento... "Bueno, entonces, lo más posible es que nos encontremos ante un caso de afasia inducida por una experiencia traumática. El corte del cuello no es lo bastante profundo como para haber lesionado las cuerdas vocales, y no tiene tampoco marcas de estrangulamiento. No presenta tampoco otras heridas, aunque no podemos descartar un estado de shock, provocado por su inmersión en el agua, pues la temperatura de la misma a primeros de marzo es tremendamente fría. Tal vez se haya caído por la borda de alguno de los barcos que ocasionalmente bordean la isla, o se estuviera dando un baño en otra zona, y las fuertes corrientes la han traído hasta la playa... Posiblemente, recuperará la voz cuando ella así lo decida, pero es un procedimiento que puede tardar días o semanas, en función de su estado anímico. No veo que padezca ningún problema físico, y sus reflejos son normales, por eso no le voy a recetar nada, salvo un relativo reposo, y que se vaya aclimatando a las rutinas de la casa, mientras esperamos que las investigaciones policiales den un resultado positivo. Observenla, sin embargo, para descubrir sus reacciones ante determinados estímulos, como los olores y colores de la comida, exposición a la música, paseos por la orilla o por la isla... Todo ello nos ayudará a descubrir, en última instancia, su identidad y sus problemas..."


-TRES-

Han pasado ya diez días desde que acogieron a Marina, nombre que le adjudicaron pues afín de cuentas la encontraron en la orilla de arena negra, y parece no molestarle... Poco a poco, y por iniciativa propia, ha empezado a colaborar con algunas tareas de la casa, como hacer las camas, cambiar las toallas, y recientemente se ha interesado en la cocina, donde demuestra ciertos conocimientos de platos tradicionales españoles y franceses, como el "cassoulet", la "quiche lorraine", y las "crèpes"... Después de comer, disfruta con una pequeña siesta en su habitación (el antiguo dormitorio de uno de los hijos de D. Bautista), y luego le encanta dedicar un par de horas a la lectura en la Biblioteca, y parece dominar tres idiomas: francés, inglés y español, aunque no hay certeza alguna sobre este asunto, pues sigue sin hablar... y sin escribir.... Antes de cenar, disfruta recorriendo los terrenos de la casa, en compañía de Blas y de Tomás, los dos galgos que los muchachos rescataron de una perrera. Es en aquél rato cuando se siente más feliz, y no regresa a la casa hasta el anochecer, cuando faltan pocos minutos para preparar la cena. Los primeros días, a Gloria no le parecía demasiado bien la presencia de otra persona en la cocina, y menos aunque le quitase el trabajo... pero en cuanto demostró con hechos concretos (un contundente cocido madrileño de cuatro vuelcos, y arroz con leche de postre), en cierto modo la ha adoptado como refuerzo temporal. Lo mismo ha sucedido con Eugenia, la gobernanta, pero en cuanto comprendió que su única intención era echar una mano en la casa, sin pretender por ello entrometerse en sus cometidos, también parece estar satisfecha con la nueva situación.


Dos días después del hallazgo, un equipo de investigación de la Policía se desplazó hasta la propiedad, para hacerle las fotos pertinentes, y tomar declaración a los habitantes de la casa, pues al tercer intento de comunicarse con Marina, comprendieron que era una pérdida de tiempo... Sus fotos, vestida en aquella ocasión con uno de los uniformes de Eugenia, preside desde aquél día los tablones de personas desaparecidas de aquella isla, y de todas las demás del archipiélago... Incluso se han mandado copias a la Península... sin resultados... Es como si no tuviera pasado, ni identidad, ni nada... Como si nunca hubiera existido...


Pero el que Marina no hablase, no quiere decir que no se metiera en problemas... Pues tanto Lucas como Pietro estaban, posiblemente, demasiado interesados en ella... lo cual no deja de ser lógico, puesto que ella es tremendamente atractiva, con esa especie de inocencia y de indefensión que puede sacar lo mejor y lo peor de algunos hombres... Por ello, no era extraño que salieran los cinco a pasear juntos: Marina, Pietro, Lucas, Blas y Tomás... Y volvieran, como siempre, a tiempo para ayudar con la cena...


"Entonces, sigue sin hablar..., pregunta Luis Rodríguez, el médico, dos meses después del hallazgo... ¿Han probado a estimularla tal y como hablamos, con distintos tipos de estímulos visuales, olfativos, y auditivos?"


"Hemos probado de todo... está claro que tiene un cierto conocimiento, que no podemos evaluar con fidelidad, de tres idiomas, francés, español e inglés, que al menos los lee sin problemas, y puede tener también nociones de italiano... Sabemos que es una buena cocinera, y que su cuerpo está acostumbrado al deporte, pues ni le sobra ni le falta masa muscular... Sobre sus hábitos alimenticios, es vegetariana, aunque de vez en cuando se permite uno o dos huevos fritos con patatas...", comenta D. Bautista...


"¿Y cuando fueron al centro comercial, para comprarle algo de ropa interior? ¿Mostró algún tipo de reacción, por ejemplo, ante toda la gente que se concentra allí? ¿Encontraron alguien que la conociera?", pregunta el médico...


"No, sigue apática, no le interesaba nada de lo que veía, ni la ropa, ni la gente, ni el centro comercial, al que tuvimos que ir en barca, pues la falla impide el paso de la parte privada de la isla a la pública, y el puente se había roto unos días antes... Sí, es cierto, le gusta la lencería fina, y el encaje... pero se siente más cómoda con prendas interiores deportivas, y según la dependienta, su talla es la 85-B... aunque no tengo ni idea de lo que significa... Como no tenemos problemas de espacio en la casa, le hemos dicho a la Policía y a la Guardia Civil que se quedará con nosotros, pues siempre será mejor que un centro de acogida... También han informado a la Interpol...", comenta D. Bautista...


"¿Y tienen alguna teoría en la investigación? ¿Alguna pista?"


"De momento, solamente saben que nadie ha presentado una denuncia por su desaparición en la Isla ni en el resto del archipiélago. Y parece que tampoco se sabe nada de ella en la Península... Han dictado una orden de búsqueda, para intentar localizarla... Aunque la teoría más viable parece ser la de haberse caído de un barco de recreo o un yate, y haberse golpeado en la cabeza, por lo que sería un caso de amnesia traumática... Pero no es más que una teoría, como cualquier otra..."
"Bueno, dice el médico, al levantarse de la silla, ahora mismo, no podemos descartar ninguna teoría, pero confío en que con el paso del tiempo, o bien ella recupere la voz, o se produzca algún acontecimiento que la ayude a salir de su refugio interior...", comenta Luis Rodríguez, al levantarse del sillón y despedirse de D. Bautista y de Marina, quien ha asistido a toda la charla desde la esquina de la biblioteca, mientras miraba el mar...


-CUATRO-

Cuando se cumplen cuatro meses de la aparición de Marina, y con la llegada de los primeros turistas estivales al archipiélago, por unos días, todos los habitantes de Villa Rosita piensan que solo es cuestión de tiempo el que alguien vea su foto en los hoteles y en casi todas las tiendas, para que alguien la reconozca, o la reclame como miembro de su familia, un pariente, un novio o novia... Pero todo en su vida sigue siendo un misterio... Y, al menos en apariencia, sigue sin recordar...


Lucas y Pietro, que sienten aquella peligrosa mezcla de intuiciones y deseos, que combinan el afán de protección, como hacia sus hermanas, con el lógico atractivo por una mujer tan hermosa, le sugieren a D. Baustista realizar una prueba... "Creo, D. Bautista, que sería una buena idea sugerirle que se pusiera el bikini, y llegarla a dar un paseo en barca... Y luego, con cualquier pretexto, lanzarla por encima de la borda... Pietro y yo somos expertos nadadores, por lo que en ningún momento correría peligro... Pero lo mismo de esta manera, con una fuerte impresión, conseguimos que recobre la voz..."


Con la aprobación del dueño de la casa, los dos factotum le sugieren a Marina la posibilidad de dar un paseo en barca a última hora de la mañana, y llegar hasta la zona donde el agua es turquesa a la luz del sol, y nadar con los delfines que de vez en cuando se acercan allí, para jugar con los humanos... Tras haber asentido con la cabeza, Marina se dirige a su habitación, de la que sale unos minutos más tarde, con su biquini blanco, un sombrero de paja, y una toalla de playa... Todos los varones de la casa contienen involuntariamente la respiración, pues tan acostumbrados están a verla con los trajes decimonónicos, o como mucho con aquellas camisas y chalecos y pantalones de montar, que han olvidado hasta qué punto Marina tiene un cuerpo espléndido...


Los dos "conspiradores" y Marina se embarcan en el bote que usan para los desplazamientos cortos, pero en esta ocasión, prefieren olvidarse del motor, y remar hacia el arrecife, para no asustar a los delfines... Ella está tranquila, sentada frente a los dos chicos que no le quitan la vista de encima, aprovechando los rayos del sol... Cuando por fin llegan a la zona escogida para el experimento, Lucas se acerca a ella, señalándole algo que está en el agua (un presunto delfín), y cuando ella se inclina para intentar verlo, la empuja al mar... Pasa un minuto, y luego dos... y ellos se preocupan, pues no hay señales de Marina... Pietro salta al agua, con las gafas de buceo, pero no hay nada bajo la barca, ni en los alrededores... Cuando sube de su segunda inmersión, se da cuenta de la cara de felicidad de Lucas, quien señala, con el dedo, una extraña escena que está sucediendo a unos cien metros del bote: Marina está nadando, completamente entregada al juego, con un grupo de siete delfines, y les hace señas con la mano, como invitándoles a ir con ella... Pero ninguno de los dos tiene ganas de compartir la experiencia... Y mientras siguen el la barca, Marina, algo cansada por los juegos, pero muy feliz por sus compañeros, se deja acercar a la orilla por el más grande de todos, y se tumba sobre la toalla, para secarse... Unos minutos más tarde llegan los chicos, y ella los recibe con un beso en las mejillas, como agradeciendo la experiencia, antes de regresar a la casa, y a la rutina... Bueno, con la pequeña excepción de que todas las mañanas, luciendo su biquini blanco, o cualquiera de los otros que le han comprado, dedica una hora a nadar hacia el mar abierto....


Y es durante una de sus excursiones solitarias, cuando divisa el pesquero... Sin saber muy bien porqué, siente una extraña mezcla de sentimientos, cuando están recogiendo las redes, o tal vez sea por los impermeables amarillos de los pescadores, o por el brillo de las escamas sobre la cubierta... Están muy cerca de los primeros arrecifes, en aguas peligrosas y llenas de escollos, pero que al menos le permiten a ella observarlos desde una relativa distancia... Como si fuera un recuerdo reprimido, un nombre le viene a la mente, Eleazar, y lo pronuncia en voz muy baja, antes de volver nadando, lentamente, a la orilla... Y el más joven de los marinos, un adolescente, sigue todavía jurando que en aquél arrecife, ha visto claramente una hermosa sirena...


El resto de la jornada, se muestra bastante distraída, no consigue concentrarse en la cocina, y se le agarra un poco la paella... Luego, se sienta en la biblioteca, en su sillón de orejas favorito, mientras lee a Goethe... en alemán... pues aparentemente, aunque no recuerde todavía quién es, parece estar dotada de amplios conocimientos en francés, inglés, alemán y español, así como numerosas nociones de italiano, lo que, unido a la piel de sus manos, permite suponer que ha recibido una buena educación... Lo mismo se desprende de sus exquisitos modales en la mesa, o de la forma en que agarra la pluma para escribir... aunque después no sea capaz de trazar una sola palabra... Y de ese modo, pasa otro mes...


-CINCO-

Y Marina está inquieta, por alguna extraña razón, según avanza el mes de mayo... Como si la llegada del buen tiempo en la isla fuera un mal presagio para ella... Que no hablase ni escribiese nada no quería decir, ni mucho menos, que no pensase o sintiese o reaccionase frente a los estímulos externos... Sobre todo, se asustaba de los ruidos fuertes, como los portazos, o el estruendo de una cacerola de acero al estrellarse contra el suelo de la cocina, o simplemente, los timbales y los instrumentos de metal del "Carmina Burana"... También comenzaba a sentirse incómoda por las pequeñas atenciones que le dispensaba, casi constantemente, el joven Pietro, en cuanto se encontraban a solas...


No era tanto su actitud o su lenguaje corporal lo que la incomodaba; era más bien el recuerdo de una situación parecida, pero que no podía ubicar en su memoria, la impresión de tener que reaccionar de una manera determinada, para poner fin a lo que de todas formas consistía en un incipiente y persistente acoso... Por eso, intentaba evitar quedarse con él en cualquier habitación de uso comunitario, si bien existía un terreno en el cual el roce era casi obligatorio: la cocina... A primeros de junio, minutos antes de servir la comida a D. Bautista, y tras una mañana durante la cual Pietro se mostró especialmente persistente con sus atenciones, Marina estalló...


El joven casi le hace tirar la sopera con una de sus maliciosas caricias (que misteriosamente casi siempre le rozaban el pecho), y al comprobar que éste se dirigía entre pequeñas risas hacia el comedor con un juego de manteles recién planchados, no se lo pensó dos veces y, sopesando uno de los cuchillos de carnicero que en aquél momento estaba secando con un paño, lo lanzó hacia Pietro, dejándolo literalmente clavado por la sisa izquierda de su chaqueta blanca, a la madera de la puerta... para acto seguido, mientras todavía seguía retumbando en la cocina el chasquido del primer lanzamiento, lanzar otro contra su costado derecho, con la misma precisión y pericia... El resto del personal que estaba en la cocina, es decir, Gloria, Eugenia y Federico, incluso el mismo Lucas, no pudieron evitar, una vez superado el asombro inicial, prorrumpir en un espontáneo aplauso, pues ellos también estaban profundamente aburridos de las atenciones del "latin lover"... aunque al mismo tiempo empezaron a mirar a Marina con otros ojos... como una mujer que era capaz de defenderse a sí misma... Y el incidente quedó relegado a los habituales chascarrillos, y fue la propia Marina quien se encargó de zurcir la prenda, también con maestría, al joven galán italiano, que sin duda alguna había aprendido la lección...


Durante el resto del mes de mayo y la primera semana de junio, en Villa Rosita no se hablaba de otra cosa que no fueran las crecientes habilidades de la joven: escribir con fluidez en todos los idiomas que conocía, conocimientos culinarios dignos de un "chef" de renombre, aunque las modernidades del carpacho de solomillo y del "volován al perfume de jamón serrano con esencia de alcaparras" no fueron bien recibidas por Gloria... hasta que las probó, naturalmente... Marina también era una consumada ciclista, y no se arredraba a la hora de escalar los altos muros que delimitaban la propiedad...


Don Luis, el médico, no podía evitar su asombro por la evolución de su paciente, que ha mejorado incluso su tono muscular, gracias al ejercicio en el cual ha encontrado una sana ocupación: el jiu-jitsu, que practica sola todas las mañanas, en la playa, con los pies metidos en el agua; y por las tardes dedicaba horas al tai-chi... pero sin recordar cómo había aprendido ambas disciplinas... Marina seguía siendo, por lo tanto, un misterio, tanto para los demás, como para sí misma... y aunque había recuperado la facultad de escribir a primeros de junio, no lograba salir de la espesa nebulosa que se ceñía en torno a su memoria... Aunque todo cambió en la noche del quince de junio, con la primera gran tormenta de la temporada...


-SEIS-

Por no variar, la galerna se presentó de repente a media tarde; en cuestión de minutos, el sol desapareció, el cielo se pobló de oscuras nubes, y sobre el mar, en el límite del horizonte, empezaron a derramarse los rayos, al mismo tiempo que se escuchaban los primeros retumbos del trueno... Sobre las cinco y media, el océano embravecido sepultaba la pequeña cala con cada ola, y rugía sobre los pequeños parapetos de piedra basáltica y cemento que, de manera escalonada, servían de primera línea de protección a Villa Rosita, durante la dura lucha contra el mar...


A las siete de la tarde, la fuerza del viento, el tronar de las olas, el retumbo de los truenos contra la escollera y el fulgor, casi constante, de los rayos en el cielo, hacían completamente imposible cualquier estancia fuera de las recias paredes de la casona, y en casi todas las ventanas ya se habían instalado las antiguas pero eficientes contraventanas de madera de cedro (se dice que producto de la rapiña tras un antiguo naufragio)... Todos los habitantes de Villa Rosita, incluyendo el fantasma de Elvira, la difunta mujer de don Bautista, que ocasionalmente se le aparecía durante el crepúsculo, y seguía dejando a su paso un tenue aroma de violetas, habían buscado refugio en la cocina, y alrededor del fuego de la chimenea, permanecían en silencio, pensando tal vez en todos aquellos marinos, de la isla y del resto del archipiélago, a quienes el mar hubiera sorprendido faenando lejos de la costa...


Sin embargo, no todo el mundo estaba asustado por las desatadas fuerzas de la Naturaleza, pues faltaba uno de los moradores de la casa: Marina, que había buscado refugio en la Biblioteca, su lugar de observación preferido y, con la contraventana parcialmente abierta, observaba atentamente las olas, que se alzaban más de diez metros, y que rompían unas contra otra con la fuerza de un tren desbocado, todo ello, unido a los incesantes rayos, generaba un ambiente apocalíptico hasta donde alcanzaba la vista... Sin embargo, de repente, y por un par de instantes, Marina creyó ver un pequeño pesquero que intentaba maniobrar para alejarse de la cala... Estaba lo bastante cerca para observarse a simple vista pero, movida tal vez por una intuición nacida del recuerdo, ella cogió los prismáticos, que D. Bautista solía utilizar para observar las aves, y aprovechando la siguiente tanda de relámpagos, siguió intentando localizar el barco... Por lo visto, solamente había un tripulante, al menos visible, y parecía haberse atado al timón con una soga, en su lucha desesperada para apartar la nave de los arrecifes que cerraban la bahía, y que ella conocía tan bien... Sin embargo, con un último y poderoso resoplido, las olas estrellaron el pesquero contra el arrecife de estribor... y pese a mirar atentamente durante casi diez minutos, escudriñando el mar con los prismáticos fuertemente presionados contra sus ojos, no consiguió localizar al tripulante....


Los habitantes de Villa Rosita pasaron una mala noche, encerrados en la casa, y más todavía desde que Marina les pasara la nota con la tragedia que había presenciado... y aunque en varias ocasiones trataron de alcanzar la orilla, unidos entre sí por recias sogas, no tuvieron más remedio que darse la vuelta a medio camino... con la molesta sensación de no haber hecho lo suficiente... Sobre las tres de la madrugada, la galerna cesó por completo, y el contraste con el silencio que reinaba tanto dentro como fuera de la casa era tan fuerte, que todos los habitantes se despertaron, aunque fuera solamente por unos momentos...


A las nueve de la mañana, y tras un buen desayuno, todos los habitantes, menos D. Bautista, se dirigieron a la playa, y recorriendo parte de la costa, intentando localizar al menos algún resto del naufragio, que permitiera identificar la embarcación... Marina, tal vez guiada por el instinto, se dirigió directamente al agua y, desprendiéndose de toda su ropa salvo del bikini rojo que le compraron en la última expedición al centro comercial, empezó a nadar hacia el arrecife, con la impresión de haber vislumbrado un retazo de amarillo detrás de la roca más alejada, aquella desde la que tanto le gustaba acechar a los barcos... En pocos minutos, alcanzó su objetivo... y, en efecto, había un cuerpo, fuertemente encajado en la cara posterior de la roca... Sin saber demasiado porqué lo hacía, Marina lo soltó de sus asideros, y lo fue remolcando lentamente hacia la costa....


Al ver lo que estaba sucediendo, Pietro y Lucas se lanzaron al agua para ayudarla... Y cuando estuvieron en la orilla, lo depositaron lejos de la línea de la marea... Y solo en aquél momento, con el viento y el sol secando su esbelto cuerpo, Marina se puso a observar con atención el presunto cadáver de aquél hombre, de edad indeterminada (igual podía tener cuarenta que cincuenta años), estructura ósea muy marcada, brazos fuertes y manos acostumbradas al trabajo duro, piernas largas y levemente arqueadas, cuello poderoso... Pero cuando su mirada se posó en la cara del hombre, con una larga cicatriz en el pómulo izquierdo, que se prolongaba desde la comisura del labio hasta el límite del ojo... esa barba que crecía, grisácea y anárquica... esa nariz, mal soldada quizás tras una pelea portuaria...


Empezó a temblar tanto, que los chicos se apresuraron a atenderla... Con un rápido ademán, se dejó caer de rodillas junto a la cabeza del desconocido, y comenzó a acunarlo en el regazo....


Y entonces, una sola palabra, pronunciada con dificultad, se abrió paso entre las brumas de su memoria hasta sus labios... "¡Padre!" (aunque lo que dijo realmente fue “Aba!”

Y en aquél momento, cuando los muchachos escucharon por primera vez la voz de Marina, los ojos del marino se abrieron levemente, una amplia sonrisa iluminó su rostro, y un nombre de mujer surgió de sus resecos labios... Un nombre, y con un acento, al que no estaban acostumbrados… “Aïcha…”

Aquellas fueron sus únicas palabras antes de desmayarse, en brazos de quien parecía ser su hija… y que de todas formas lo trataba como tal… Entre los dos muchachos, lo llevaron a la cocina, donde la gobernanta y la cocinera, bajo la atenta supervisión de Luis Rodríguez, lo desvistieron, para lavar su cuerpo con agua caliente, y al hacerlo, bajo la luz de los quinqués de petróleo, descubrieron un impactante mapa de cicatrices, cortes ya curados, incluso aparentes impactos de metralla en los brazos, piernas, torso y espalda… Aunque ninguna de aquellas heridas parecía ser reciente, ni haberse resentido por el feroz vapuleo de las olas contra la roca, en aquella durísima noche de lucha y resistencia extrema…


“Lo único que necesita este hombre, afirmó taxativamente el médico, es ingerir algo de comida caliente, lo ideal sería una buena sopa y algo de vino, además de una muda cómoda, y por supuesto, una noche de sueño reparador… Mañana por la mañana me pasaré a comprobar el estado del paciente…”


- SIETE-

Sin embargo, no hubo un “mañana”, al menos no de la manera esperada, para Marina/Aïcha, y el desconocido… A las nueve de la mañana, cuando Lucas fue a comprobar si le pasaba algo a su compañera de paseos y de tareas varias, comprobó que la habitación estaba perfectamente recogida, la cama hecha, y lo único fuera de lugar era una nota, depositada sobre la almohada. En ella se podía leer una sola palabra: “Gracias”. Al revisar el armario unos minutos después, Eugenia comprobó que faltaba toda su ropa… salvo el bikini blanco que llevaba aquella mañana de marzo, que por alguna extraña razón había dejado sobre la cómoda…


Cuando comprobaron la habitación del desconocido… en cierto modo, no les extrañó demasiado encontrarla perfectamente ordenada y, por supuesto, vacía… Más tarde, Pietro comentaría que escuchó unos tenues sonidos procedentes de aquella zona de la casa, en medio de la noche, igual que una conversación, muy atenuada por el espesor de los muros y de las paredes, en un idioma que definitivamente no era español… Afirmaba que podría ser hebreo, pues le recordaba las viejas películas de espías… pero no supo explicar qué hacía, de madrugada, en aquella zona de la casa…


Un poco más tarde, comprobaron que también faltaba el bote que usaban para los desplazamientos, si bien, prendidos al poste de madera con uno de los cuchillos de cocina, encontraron más de quinientos dólares, y otra escueta nota de agradecimiento… Nunca más se supo en Villa Rosita de Marina/Aïcha, ni del desconocido, ni del bote… Pero si en algo están de acuerdo quienes participaron en esta historia, es en afirmar que el retorno de la palabra significó, al mismo tiempo, el final de una etapa de sus vidas… y el principio de una leyenda…