Según se acercaba el 23 de mayo, la fecha mágica en que Naiara cumpliría los 18 años, yo me iba poniendo un poco más nerviosa... Llámame "miedosa", "romántica" o "legalista", el único concepto que debes recordar es que mi corazón era suyo, completamente, y que yo estaba esperando el momento adecuado... y sería en uno de los escasos episodios de intimidad que se podían tener durante nuestras acampadas: por la noche, en nuestra tienda canadiense, de cuya propiedad en cierto modo nos habíamos apropiado mediante un audaz golpe de mano tres años antes... Fue muy divertido el observar cómo nuestras madres intentaban sostener las paredes de la tienda... después de que nosotras hubiésemos desclavado (y escondido) todas las piquetas en plena noche, utilizando los famosos frontales de luces infrarrojas que nos regaló mi padre unos meses antes... Son las tarascadas que se hacen con la edad... pero conseguimos nuestra tienda de campaña...
Primeros días de junio, todavía hace un poco de frío en las cercanías del pantano de Entrepeñas y Buendía (esos apellidos bonitos...), y sin embargo... Las dos estamos despiertas, metidas dentro de nuestro saco de matrimonio... y la noche que hemos pasado, juntas ha sido... bastante diferente respecto a lo que yo había imaginado...
Por supuesto, no hubo caricias, ni besos, ni abrazos, ni roces, ni nada de nada que tenga una connotación positiva... y ahora, me siento tremendamente imbécil por haber depositado mi amor, y mi pasión, y mi cordura, entre las manos de una adolescente... de alguien que ha dejado atrás la infancia casi a trompicones, por mi culpa...
Sí, es cierto, que yo me enamoré, completamente, de ella... de su ternura... de su bondad... de su candidez... de sus formas femeninas apenas esbozadas... de sus labios... de sus pechos... de su boca... de tantas, y tantas cosas, que en el fondo, no me enamoré de ella... Sino de la imagen que me había creado de ella durante tantos años... De un espejismo...
Pero nunca me molesté en intentar conocerla de verdad: cuales eran sus aficiones (además del ciclismo cafre), qué tipo de libros le gustaban más (¿Stephen King o Harry Potter?), sus grupos de música favoritos (¿heavy, punk, romántico español, baladas?), sus tendencias en la ropa (el puto uniforme...), ni siquiera conocía sus platos favoritos...Naiara era, por lo tanto, una desconocida, un ideal que yo había forjado en mi interior, en quien había depositado mis anhelos, mis querencias, mi vida entera... pero sin molestarme en conocerla de verdad...
Por eso, ahora, me siento destrozada por dentro... Hemos pasado la noche juntas, en el saco... pero vestidas... y lo más lejos posible... De alguna manera, no había pensado en la posibilidad de ser rechazada por Naiara, no era algo que entrase en mis planes... Ni siquiera me fijé en las señales, que ahora veo tan claras, en las sutiles maneras que ella encontraba de apartarse de mi lado según iba confesándole mis sentimientos, cómo desviaba la mirada hacia el pantano, las estrellas, los árboles, algún coche solitario por la carretera... Ni siquiera me callé cuando se puso a llorar, quizás me apetecía creer que lo hacía por la emoción, por los sentimientos que compartíamos...
Estábamos las dos sentadas sobre un viejo tronco de pino, delante de la hoguera... Yo tenía que girar la cabeza hacia la derecha para mirarla... pero ella decidió quedarse de cara al fuego, extendiendo los brazos y las manos, como si tuviera frío... Y yo hablaba, y hablaba, sobre "amor verdadero", "deseo sublimado", "entrega", "esperanza", "deseo", "sentimientos"... ¡Pero si incluso intenté atraerla entre mis brazos, y besarla! ¿Tan ciega estaba yo en aquél momento, que hasta que no me empujó levemente, no comprendí la realidad?
Y la realidad no era otra que mi egoísmo, mi ceguera... y que le había roto casi todos los esquemas a una personita a la que, en el fondo, ya no conocía hace varios años... Desde que decidí enamorarme de ella... Naiara se puso a llorar, desconsolada, de pié frente al agua... Yo la veía llorar... y me moría por dentro... por ser yo la causa... Pasaron los minutos, y ella no volvía... y yo voy a buscarla, y pongo la mano en su hombro... y ella, primero se aparta levemente... luego llora con más fuerza... y termina refugiándose entre mis brazos... pero no como yo hubiera deseado...
Cuando ha pasado ya un rato, pero todavía entre sollozos, ella me habla... Nos hemos sentado de nuevo delante de la hoguera, pero frente a frente... Me ha cogido las manos... Y me dice que lamenta no compartir mis sentimientos, pero que ella no tiene por mí otra cosa que el amor de una hermana... Que no entiende cómo he podido llegar a esos extremos, sin preguntarle nada... Que ella nunca me ha dado motivos para enamorarme... Que me quiere mucho, pero desde luego, no como amante, ni a mí, ni a ninguna otra mujer... Que desde hace algún tiempo se había dado cuenta de ciertos cambios en nuestra relación, que no le gustaban... y que por favor, le diera algún tiempo para replantearse si deseaba que siguiéramos siendo amigas, porque no se sentía cómoda a mi lado...
Y cada una de sus palabras fue como un nuevo clavo en el ataúd de mi corazón, de mis sentimientos hacia ella, y de mi propia vida...Aquella fue la última vez que nos fuimos solas de acampada a la parcela de la familia, junto al embarcadero norte... Dormimos las dos en la tienda, dentro del saco, pero vestidas... No hubo juegos eróticos, ni deseos compartidos, ni nada... Incluso diría que aquella noche murió nuestra amistad... Porque Naiara jamás pudo perdonarme por haberla amado y deseado en silencio, lo que ella interpretó (posiblemente con motivo) como una traición de una amistad que nos había unido desde hace tantísimos años... Y porque yo no podía seguir mirándola a la cara... sin desear besarla...
Volví con Raquel, la mujer a la que seduje en el taller de teatro, tal vez por despecho, quizás simplemente por olvidar a Naiara... Al cabo de unos meses, decidí independizarme, y me fui a vivir con ella.... compartiendo cama, gato y gastos con alguien que me amaba tantísimo (aunque eso lo comprendí más tarde) que podía incluso perdonarme el que, de vez en cuando, con el último gemido del éxtasis... mis pulmones, vaciándose lentamente, generasen el nombre de otra mujer... Naiara...
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