viernes, 9 de septiembre de 2011

ARBOLES ENTRE LA NIEBLA (5)

V: Hacia la paz de los muertos.



La situación en mi bloque se estaba complicando cada día un poco más... Los combates se repetían, tarde tras tarde, y terminaban al alba, con las dos explosiones. Pero con cada repetición, tanto los combatientes como las armas y municiones utilizadas se volvían más reales, más corpóreas, por lo que, aunque las huellas en las paredes de los tres bloques y las roturas de los cristales desaparecían con el amanecer, cada día era más complicado que se borrasen las huellas... y al mismo tiempo, siempre existía el riesgo de que una persona, alcanzada por una bala trazadora, no se recuperase igual de bien. Los presidentes de las tres comunidades se pusieron de acuerdo, para decretar el toque de queda entre las ocho de la tarde y las seis de la mañana. La Policía cortaba la calle en ambos sentidos, y los bomberos tenían un pequeño camión cuba, por si se producían conatos de incendio... En cuanto salió un pequeño reportaje en una televisión local sobre los extraños sucesos, se despertó la atención mediática, y era raro el día en que no entrevistaban a algún vecino, al presidente, al portero, o incluso a los vigilantes de seguridad del Metro. Incluso se comentaba que un comerciante estaba vendiendo recuerdos de tan extraño fenómeno: camisetas, ceniceros y gorras principalmente... Pero este clima, un tanto festivo, se terminó con el primer herido grave: un becario de una emisora de televisión, que pensó que tenía que acercarse más a la trinchera, que se hacía claramente visible por la noche, para obtener un mejor sonido. Y lo obtuvo: el de su propio grito, cuando una bala trazadora le atravesó limpiamente el muslo de la pierna derecha, y otra de pequeño calibre impactaba en su hombro izquierdo... No murió, porque los bomberos lograron lanzarle una soga, que se ató alrededor del pecho... Fue trasladado de urgencia al Hospital del Henares, donde consiguieron salvarle la vida por muy poco. De esta manera, quedó completamente demostrado que las balas fantasma podían producir heridas muy reales...
También aparecieron en escena los habituales parásitos: mediums, videntes, profesores Fotafas, brujos de toda laya, hasta la Bruja Lola, Rappel y Aramis Fuster se mostraron muy interesados por lo que sucedía, y organizaron, durante el día por supuesto, intentos de conectar con los muertos, para que les contasen lo sucedido y el porqué de su ira... sin obtener, por supuesto, ninguna respuesta. Cuando cualquier vecino les sugería que repitieran el mismo experimento, pero de noche, y en mitad del combate fantasmal, enseguida encontraban algún pretexto: una rueda de prensa, una gala benéfica, una cena de familia... Incluso el equipo de Iker se ofreció a instalar varias cámaras, micrófonos y múltiples equipos, pero desistieron a la mañana siguiente, en cuanto comprobaron que sus carísimos juguetitos amanecían hechos pedazos por las explosiones...
Había llegado el momento de hacer algo, de intentar solucionar el problema, de manera eficaz. Lo realmente complicado no había sido el recrear una historia, que de todas formas yo conocía de primera mano, gracias a los testimonios de los difuntos; el auténtico reto era el conseguir que alguien la creyera, y lo que es más importante, que tuviera la suficiente influencia política e ideológica, para que se realizase la excavación y se hiciese justicia con vencedores y vencidos. Por eso, recurrí a los miembros de la Tertulia Republicana que mi abuelo frecuentaba en el Ateneo de Madrid, a través de su presidente, el Doctor Márquez. Después de una breve conversación telefónica, en la que le informé del "descubrimiento", quedamos en vernos esa misma tarde, en la Cacharrería, y le llevaría el relato de mi abuelo, sobre la última trinchera... que había tenido la precaución de envejecer un poco, aplicando con un pincel restos de polvo de la aspiradora desleidos en agua... y secando luego las hojas en el micro-ondas... A las siete de la tarde, convocados todos sus miembros, se procedió a la lectura del relato: el Doctor Márquez, con su voz potente pero cascada, terminó en poco más de quince minutos... Se hizo un silencio sepulcral en la sala, y mientras centenares de años de experiencia vital hacían converger sobre mí sus ojos escrutadores, tuve miedo de haber sido descubierto, que a pesar de las aseveraciones del Comandante Pablo de que no hubo supervivientes, quedase algún testigo... Pero al final, no pasó nada: tras unos minutos de respetuoso silencio, alzaron sus copitas de coñac, y brindaron "por los héroes de la Alameda de Osuna", y por "la última trinchera"...
Recuperando en cierta medida la vitalidad perdida hace tantos años, se pusieron a deliberar sobre la mejor manera de actuar, mas en breves minutos alcanzaron una decisión unánime: había que comunicar lo sucedido a la Asociación por la Memoria Histórica (uno de cuyos miembros participaba también en la Tertulia Republicana), pues ellos disponían de los contactos y de la representatividad necesaria, para que se acelerasen las excavaciones lo antes posible, y al mismo tiempo que se hacía justicia con los caídos de ambos bandos, se evitaba que se produjeran males mayores.
Los trámites se aceleraron al máximo, y la Asociación presionó todo lo que pudo a las autoridades civiles, para que se destinasen al caso algunos de los forenses que participaron en las investigaciones del 11-M, así como voluntarios de distintas facultades (Geografía e Historia y Medicina principalmente), pero intentando siempre que tuvieran experiencia en excavaciones similares; oro riesgo añadido lo representaban los proyectiles de mortero y las granadas sin explotar... Pero de todas formas, cuando por fin se recibió la luz verde, se habían producido más heridos por balas perdidas en el interior de las viviendas, y también por rotura de cristales. No era fácil vivir en aquella calle, pues al margen de tener la existencia condicionada por el toque de queda, las apariciones fantasmales se repetían con frecuencia en los tres bloques, generando un clima de ansiedad muy elevado entre los habitantes, de hecho, todo el que disponía de suficientes recursos, había optado por irse a la casa de unos parientes, o incluso a un hotel, adelantando las vacaciones si era preciso... Evidentemente, este éxodo trajo un nuevo problema: los saqueos ocasionales, por lo que una vez más se solicitaron los servicios de una empresa de seguridad, para que proporcionase vigilantes, bien equipados con chalecos antibalas, para realizar un exaustivo control de entradas y salidas en los bloques. El servicio también se prestaba por la noche, pero siempre debidamente resguardados... aunque era necesario tener los nervios de acero para escuchar todo el tiempo los impactos de las balas a tu altededor...
El veinte de enero, a las nueve de la mañana, un capellán castrense bendice el terreno donde se iba a realizar la primera cala, en la zona donde se suponía que estaban sepultados los restos de los luchadores de ambos bandos, que llevaban setenta años compartiendo una tumba anónima... Con pico, pala y tamiz, así trabajaba un pequeño ejército de voluntarios, estableciendo con estacas y cuerda granate las zonas donde se picaría aquél día... Yo estaba convencido de que allí, justamente, encontraría al comandante Pablo y a sus hombres... y al capitán García con los suyos... A medida que pasan las horas sin obtener resultados aparentes, empieza a cundir el desánimo. Se opta por ampliar la cuadrícula, destinando si es necesario más voluntarios a la tarea, pero al mismo tiempo, asegurándose de que obtenían todo lo necesario en las dos cantinas improvisadas... En algunas zonas se alcanzan ya los dos metros de profundidad, en otras escasamente cincuenta centímetros, mientras que la más profunda se ha convertido en un foso de siete metros por tres de ancho, y por tres de largo... Son casi las siete de la tarde, y en menos de una hora será necesario evacuar a todo el personal, cuando se produce el hallazgo... "¡Tengo un casco, con su cabeza dentro!" Ese grito, pronunciado por un estudiante de segundo curso de Medicina, aparecerá el día siguiente en las portadas de todos los periódicos nacionales... pero ninguno de ellos menciona que casi se desmaya por la impresión...
La mañana siguiente, al ampliar la excavación en aquella zona, aparecen las huellas del conflicto... los sacos terreros, amontonados de cualquier manera, contra las paredes... los casquillos de gran calibre... y los cuerpos... Por culpa del hundimiento provocado por las explosiones, y por la fuerza de la onda expansiva de la segunda bomba, que succionó todo el aire disponible, los cuerpos resultaron en cierta medida envasados al vacío, y salvo algunas manchas ocasionales o humedades en la piel, cualquiera podría pensar que tienen menos de dos años... "Recuerdan mucho a las momias mayas", comenta un estudiante... Todos los cuerpos encontrados dentro de la trinchera, es decir, los ochenta del comandante Pablo y los treinta del capitán García, se encuentran en unas condiciones parecidas, pero los forenses tienen que trabajar rápido, antes de que se compliquen las condiciones de conservación...
Es un lento peregrinar de voluntarios, llevando cadáveres en camillas, desde lo profundo de la trinchera, hasta los hospitales de campaña erigidos en la explanada del Metro... Un desfile macabro, que se realiza en el mayor de los silencios, hasta que alguien empieza a aplaudir... Otra persona lo imita... Y luego otra... Se produce una ovación cerrada, para un desfile de cuerpos, recubiertos de uniformes hechos jirones, que dificultan conocer su filiación... ¿Por qué aplaude la gente? Quizás, en este caso, como homenaje a unos valientes... Cada cuerpo es fotografiado in situ, y después embolsado, antes de llevarlo a las tiendas...
De repente, se hace de nuevo el silencio... En la trinchera, retumba un grito: "¡Los tenemos!" Son los cuerpos de los dos líderes... El comandante Pablo mira al cielo, con los párpados abiertos, sobre una mirada que lo dice todo y nada ve. La bala le ha atravesado el cráneo de lado a lado, pero no hay apenas derramamiento de sangre... Lleva un traje de pana marrón, con coderas gastadas, y unas botas del ejército muy gastadas... De algún modo, al caer, ha logrado aferrarse a su bandera mancillada... Otra nueva le envuelve en la camilla, último homenaje a un valiente...
También aparece el capitán García... Con el puño erquido, como desafiando a Dios... Pero a medida que pasan los minutos, y mientras todavía siguen retirando la tierra a su alrededor, su cuerpo empieza a descomponerse rápidamente, por lo que su especie de sonrisa de triunfo contra la muerte se convierte en la mueca de un cadáver descarnado, y al final, en una sucia calavera sin mandíbula... Alguien piensa que es simplemente, justicia...
Durante las tres semanas siguientes, un ejército de voluntarios muy motivados, nada como que los combates hayan menguado mucho para devolver los ánimos a los pusilánimes, se afana en los tres jardines comunitarios, para excavar hasta el último recodo de la trinchera y del campo de batalla, para recuperar todos los cuerpos. Aunque ello implique levantar completamente la calzada, y terminar la búsqueda. Los que estaban fuera del área central están muy deteriorados, pero de todas formas, se los intenta recojer hueso a hueso, para darles el funeral que se merecen... Es una labor titánica, pues además, nadie se pronuncia sobre lo que se hará después...
Con la última exhumación, terminaron los problemas, y los vecinos retomaron tranquilamente sus vidas... Sorprendidos, algunos, por la manera en que se han convertido en protagonistas de una historia de fantasmas bastante atípica... Enfadados, otros, de que haya sido necesaria una recomendación formal del gobierno, para que las compañías de seguros se hayan echo cargo de los cuantiosos daños materiales... Y contentos, muchos de ellos, de que se haya reformado la calle de una manera tan peculiar, pues se ha conservado intacta la trinchera, en sus casi trescientos metros, como un lugar donde rendir culto a los caídos de ambos bandos, protegiéndola evidentemente de cualquier acto vandálico mediante gruesas paredes de plexiglas... y contratando los servicios de una empresa de seguridad privada, que realmente no son demasiado necesarios, pues a quien se acerca al área con intenciones aviesas, enseguida empieza a escuchar, misteriosamente, el sonido de las balas a su alrededor...
Los partidarios de ambos bandos, por una vez, se han puesto de acuerdo en la construcción de un mausoleo cercano al cementerio de los Héroes del dos de Mayo, donde se enterrarán, por separado y en dos fosas comunes debidamente identificadas, los restos de los combatientes. "Unidos por la muerte, es cierto, pero cada uno con sus ideas", esta frase de un locutor radiofónico es posiblemente la que mejor defina la situación... Para el comandante Pablo y el capitán García se ha establecido un trato diferente, por su calidad de líderes de ambos bandos, el cuerpo de cada uno será homenajeado en un funeral público, y enterrados al pié de un monolito en marmol blanco, una pared de sacos terreros tallados con gran realismo, y coronados por varias filas de alambre de púas... En el centro del monumento, una gran placa, donde se puede leer: "Aquí yacen los caídos en la última trinchera."
En la noche del 20 de junio, coincidiendo con el solstiticio de verano, un grupo de trece encapuchados dibujan, con la sangre de los animales sacrificados, un enorme pentagrama dentro de un círculo... Esta vez, también han usado sangre humana, con lo cual el conjuro será más fuerte, y sus efectos, más duraderos... Sus voces se elevan en el aire inmóvil, y se difunden por los recovecos del edificio, invocando a los espíritus de los muertos, y todo el poder, y toda la rabia, la ira y el odio, empiezan a materializarse, en forma de una espesa niebla que les llega hasta las rodillas... Los encapuchados lo sienten, concentrándose lentamente, y sin apagar las velas ni borrar las huellas, abandonan lensamente el hall de la Facultad de Ciencias de la Información, en la Universidad Complutense... que no en vano está considerada como una de las batallas más demoledoras de la toma de Madrid... y posiblemente de toda la Guerra Civil...

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