Según iba pasando el tiempo, y todavía con la resaca de nuestros cumpleaños en el recuerdo, sobre todo la de Naiara, que había celebrado por todo lo alto la mayoría de edad, yo me ponía un poco más nerviosa... y no precisamente porque no estuviera enamorada de Naiara, pues todas las experiencias que tuve con hombres y mujeres durante aquellos años (siempre con precauciones con los chicos) solamente me habían permitido conocer una Verdad: mi Amor por Naiara...
Puede sonar extraño, el que una persona de tu misma familia, que no en vano es mi prima hermana gemela, genere en ti semejante corriente de deseos, sentimientos, pasiones... cuando jamás habéis hablado una sola palabra al respecto... y jamás la has besado de la manera en que te lo piden, a gritos, el cuerpo y el alma... Sin embargo, a pesar de todas las excusas que intentaba edificar a mi alrededor para protegerla ¿de mí?, eran inútiles... Y estaba ansiando aquella primera noche de convivencia en la tienda, cuando se lo confesaría todo y, como una cachorrita enamorada de la Luna, me quedaría esperando su dictamen... Que podría ser el todo o la nada, y de todas formas, aquél momento podría cambiar mi vida... Y yo dependía completamente, para mi felicidad actual y futura, de una persona a la que amaba con toda el alma... pero de la cual desconocía muchas cosas...
Pero nunca llegamos al embalse de Entrepeñas y Buendía... Tuvimos un desgraciado accidente de tráfico, por culpa de un jabalí que se cruzó en mitad de la calzada... La moto, que yo conducía, derrapó, y nos caímos por un terraplén de piedra caliza y canchales de pizarra... Noté varios impactos contra las rocas por todo el cuerpo... y luego, el silencio... y la negrura...
Me despierto en el hospital... Una enfermera de guardia, provista de una especie de traje espacial, me toma el pulso, preocupada, y después de acariciarme levemente la mejilla, se marcha a paso rápido, supongo que para avisar al médico... Al cabo de unos minutos se acerca el cirujano... Y se sienta lateralmente en mi cama... Empieza a hablarme... a contarme una terrible historia, que no me quiero creer... sobre un "infarto de miocardio"... una "lesión cerebral peligrosa"... unos "riesgos de embolia"... una "donante perfecta"...
Me deja de nuevo sola, no sin antes pedirle a la enfermera que me inyecte un ligero calmante, para relajar mi "nuevo corazón"... Y me paso toda la noche en vela, dándole una y mil vueltas a lo que he conseguido comprender entre tanto tecnicismos... Por lo visto, el accidente no tuvo toda la culpa de mi actual estado... Mi corazón, al margen de estar completamente enamorado de Naiara, presentaba una extraña patología que, agravada por la caída y los impactos contra las piedras del fondo de la riera, degeneró en una angina de pecho tan sumamente complicada, que era necesario el trasplante lo antes posible, si querían salvarme la vida... Sin embargo, no eran muy abundantes los donantes de corazón de mi grupo sanguíneo...
Pero incluso en ese aspecto, algunos dicen que fui afortunada... porque Naiara se quedó tetrapléjica al estrellarse contra una roca... Cuando llegaron la ambulancia y los equipos de rescate, me puedo imaginar el espectáculo: dos adolescentes hermosas, llenas de magulladuras, una de ellas con problemas de corazón severísimos y casi cianótica (además de innumerables fracturas), y la otra, convertida en un vegetal (y también bastante rota)... Nos llevaron al hospital más cercano, y nos ingresaron a las dos en la UCI...
Yo necesitaba desesperadamente un donante... y Naiara jamás podría esperar una solución para su médula y su columna... "Afortunadamente, todo tenía solución", tal y como se empeñaba en repetirme el cirujano, como si yo fuera una imbécil, y no comprendiera las cosas... A la mañana siguiente, yo estaba dispuesta a lanzarle la bacinilla a la cabeza si era necesario, para que me contase la verdad... Porque lo que yo empezaba a intuir no podía ser cierto... Una simple carta de Naiara, aunque la escribió la enfermera, me explicaba lo sucedido...
"Mi amor... Sí, Natalia, te llamo "mi amor"... porque a mí me ha pasado lo mismo que a ti... De alguna manera, tenía que pasar... Muchos años juntos, muchas experiencias... una complicidad especial... la impresión de que las palabras se quedan cortas... Muchos gestos que has ahogado antes incluso de esbozarlos, porque tenías miedo del rechazo...
¿De que yo te rechazase, mi dulce Natalia?¿Te crees que no me he dado cuenta de tus sentimientos?¿Que no tuve ganas de abrir los ojos aquella noche, cuando me abrasabas con la mirada?¿Que no he tenido ganas de besarte, por cada una de las veces en que me has besado en las mejillas, en vez de buscar mis labios?
No lo sé... No sé por qué no has querido decírmelo nunca, pero intuyo que ibas a confesarmelo durante la acampada... igual por ese concepto tan anticuado que tienes sobre la "mayoría de edad", porque hasta que yo no superase aquella barrera psicológica, tú no se sentirías libre de amarme...
Ahora, mientras te veo gracias al pequeño espejo en la cama de la UCI, con el coma inducido para conseguir que tu corazón aguantase un poco más, no te imaginas las ganas que tengo de hablar contigo, de acariciarte, de besarte... de besarte... y que me beses... tal vez en otra vida...
Los médicos dicen que no tengo solución... que el daño sufrido en la columna por el accidente ha sido demasiado extenso... Que nunca me pondré mejor... y que lo único que puedo esperar es que mi corazón deje de latir un día de estos... y que mi vida será una sucesión de cuidados paliativos, de médicos y enfermeras, para que no me atrofie del todo demasiado rápido...y sin esperanza...
Viéndote dormir... Sabiendo que al menos tú podrás tener algo parecido a la vida que soñamos las dos, se me ocurre la idea... Desde hace muchos años, soy donante de órganos, ¿recuerdas? Y por eso le pregunto al doctor: "¿Ella podría vivir con mi corazón, verdad? ¿Y otras muchas personas, no es cierto? Mientras que yo, de todas formas, tengo que morir, antes o después..." Él palidece, y frunce el ceño, como buscando una respuesta que no sea demasiado dolorosa... y al final, se marcha, sin decir una sola palabra... El día después, se lo vuelvo a preguntar a las "fuerzas vivas" del Hospital: el sacerdote (que se escandaliza), el cirujano, el rehabilitador, la enfermera jefe, a todas las personas que vienen a verme, una chica medio muerta de barbilla para abajo... y a mis padres... y a los tuyos... Comenzamos a negociar, con mi vida... pero no parecen entender una cosa que para mí está muy clara: es tu vida la que yo deseo salvar a toda costa... y para ti, el tiempo corre... Demasiado rápido...
Si estás leyendo esta carta, que le dicté a Eloísa, la enfermera, es porque yo estaré muerta... y viva a la vez... Porque habré conseguido mi objetivo: que los médicos realicen el trasplante múltiple con donante vivo... y que al menos, mi muerte tenga un sentido... Cuidamelo bien, por favor, Natalia... este pequeño corazón que ha latido durante demasiado tiempo, esperando que llegase un mañana...
Con todo mi amor... Naiara..."
Así termina la carta... Han pasado ya varios meses, y curiosamente, no se ha producido un rechazo: eramos tan genéticamente compatibles, que mi cuerpo ha pensado que era el suyo... el de mi Naiara... Visité su tumba al salir del hospital y dejé sobre ella una de las últimas fotos que nos hicimos, el día de nuestro cumpleaños, y una piqueta de nuestra tienda de campaña... Mi vida parece tremendamente vacía sin ella... Aunque me queda el consuelo de haber sido amada... por ella...
Ahora más que nunca, estaría cerca de Naiara por el resto de mis vidas...

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