viernes, 9 de septiembre de 2011

ARBOLES ENTRE LA NIEBLA (2)

II: EVOLUCIÓN Y HECHIZO


Aquella noche, no dormí casi nada... Las palabras pronunciadas por los espectros, las imágenes que me transmitieron, el sufrimiento que se renovaba una y otra vez, y que seguiría haciendolo a menos que alguien pudiera hacer algo, me sumieron en un duermevela inquieto y febril...



Como os dije antes, yo no soy un medium, ni me interesa lo más mínimo serlo, soy un simple sentitivo, y con eso ya me basta y me sobra... Pero un par de días después, compruebo que se ha producido un cambio en mí: además de oirlos, ahora también los veo... Y no es un cambio ni una evolución agradable, os lo aseguro.


Los fantasmas que habitan la tierra, generalmente se mueven por los lugares en los que han vivido, a los que se sienten ligados de una extraña manera, o incluso a los sitios donde han muerto... Pero no se dan por enterados de los cambios físicos en su entorno, por ejemplo: si donde antes había una casita baja, en la que vivían una viejecita encantadora y su gato, han construido diez años después un centro comercial, es muy posible que el fantasma de la viejecita y de su gato se materialice cuando mejor le parezca, a veces de forma borrosa, pero otras no, y que haga el mismo recorrido que hacía antaño, de la cocina al dormitorio, y luego al jardín, aunque para ello tenga que atravesar varias góndolas llenas de mercancía... dandole un susto de muerte al reponedor, tal y como ha sucedido recientemente en centro comercial de Alcalá de Henares...


En cierto modo, los espíritus tienen una fecha de caducidad, por lo menos en condiciones normales. Cuanto más tiempo lleven muertos, y cuanta menos gente los recuerde, menos fuerza vital tendrán, y por lo tanto, los percibirás más bien como una corriente de aire frío en una habitación sin ventanas, o esa incómoda sensación de que te están mirando por encima del hombro, aunque sabes positivamente que estás solo en casa... Otras veces te das cuenta de su presencia por una especie de caricia suave.... Y casi siempre actúan a través de los sueños, o de algunas premoniciones, por ejemplo, cuando en el último momento decides no cojer el coche para ir a trabajar, y luego te enteras de que se ha producido un accidente en el lugar y en el momento en que tú pasarías por allí con tu coche...



Ojo, solamente estamos hablando de los espectros "buenos", "blancos" o "positivos", de aquellos que se quedan en la Tierra por amor, por compasión, incluso por despiste, o porque no se han dado cuenta de que están muertos. Dentro de un margen de tiempo más o menos largo, sus opciones se reducen a dos: o bien pasar al "otro lado", o desaparecer, una vez agotada su memoria y su recuerdo entre los vivos, en cuyo caso se terminan diluyendo sobre la tierra...


Pero también hay espíritus "malvados", "negros", "sádicos" e incluso "demoniacos"... Y mejor para tí que no se crucen en tu camino, porque te harán la vida imposible hasta que puedas deshacerte de ellos, si es que lo consigues... A veces por ansia de poder, o por su deseo de seguir haciendo el mal incluso después de muertos, ciertas personas especialmente destructivas o negativas se aferran a lan Tierra, al lugar donde murieron, o donde ejercieron su mayor grado de terror y de poder. Lo peor que puedes hacer si te encuentras con uno de ellos, es tenerles miedo: se alimentan del terror, del ansia, del pánico; y por eso, no dudan en hacer cualquier cosa para conseguirlo. En ocasiones, como el torturador del Ministerio, no se llegan a materializar completamente, y les basta con impregnar una o dos habitaciones con su esencia, en este caso era un sótano sin luz natural, que albergaba las duchas, para incomodar a cualquiera que entre en ellas... otras veces, prefieren simplemente oscurecer una parte de la habitación, por ejemplo un angulo oscuro, en el que no se esconde ningún arpa "de su dueño largo tiempo olvidada"... o efectuar una materialización parcial, adoptando la forma de una silueta borrosa... Cuanto más miedo les tengas, mayor será su poder sobre tí, no lo olvides... Muchas veces, simplemente, te visitan en tus sueños, se introducen en ellos, y te hacen pensar en tus mayores pesadillas, para luego manipularlas, y te despiertas gritando, con el corazón a mil pulsaciones, y el cuerpo bañado en sudor... El capitán García era uno de esos...


Tambié podemos hablar de un tercer grupo de espectros, los "indiferentes", los "diletantes" o los "paseantes"... Son todos aquellos que no tienen ningún interés especial por el mundo de los vivos, pero tampoco por el de los muertos, y se limitan a oscilar entre uno y otro mundo, mientras van desapareciendo lentamente. No les interesa inmiscuirse en nuestras vidas, y por eso, casi nunca los verás...


Con la ceremonia satánica, con el sacrificio ritual de un perro y de un gato negro, los encapuchados pusieron en marcha un mecanismo que difícilmente podrían imaginar... puesto que la sangre de las víctimas, el humo de las velas, y las voces de la invocación llegaron directamente al lugar donde estaban enterrados los huesos del capitán García, de sus secuaces y de sus últimas víctimas... Curiosamente, a pesar de los años, de las obras del Metro, de la terraplenación de la zona, de la construcción de los edificios y de la planificación de los jardines comunitarios, jamás se tocó aquel terreno, de unos treinta metros por veinte, donde se ocultaba la última trinchera de la Batalla de Madrid.


El despertar de García fue insidioso, lento, la segunda noche desde la invocación... Una fumarola más oscura empezó a tomar forma entre los jirones de niebla, para terminar adoptando la forma de un hombre bajito, de prominente barriga, brazos y piernas cortos y flacos, manos casi femeninas, rostro anodino, bigote retorcido y ojos crueles... Vestía un uniforme del éjército de tierra, aunque por alguna extraña manía, llevaba un "salacot"... Pero cualquier impresión de molicie era rápidamente desmentida por su mirada: eran de un negro profundo, y en ellos latía una rabia homicida. "Capitán por méritos propios", como él decía siempre, todo el mundo sabía que en realidad había comprado el cargo, al casarse con la hija más fea de un industrial catalán recientemente metido en política. Por ello, sus hombres cuchicheaban a sus espaldas, y eso lo llenaba de furor, que descargaba casi siempre en la batalla, ejecutando a todos los prisioneros. En la última batalla, su unidad estaba formada por treinta fanáticos, que solamente querían "matar rojos" y "vengar la quema de conventos", por lo que eran muy temidos en el Frente de Madrid. Ahora que todos estaban muertos hace más de 70 años, se habían convertido en espectros, en oscurecimientos de la luz, pero todavía eran peligrosos, García los motivaba a seguir haciendo daño, a vengarse de su rápida y dolorosa muerte...
En el bando Republicano, dos docenas de voluntarios, muchos de ellos adolescentes, los últimos restos de una unidad que había sido duramente castigada por los bombardeos de las noches precedentes, y su único dirigente era el "camarada Pablo", un chaval de poco más de veinte años, que antes del alzamiento trabajaba de mancebo en una farmacia de Barajas. Pablo, con una "novia formal" de antes de la guerra, vivía con su familia en la zona de Canillejas cerca del cementerio y de la antigua iglesia. Es un chaval alto, flaco, ojeroso, con el pelo desgreñado, que duerme abrazado al fusil, y con la pistola y dos granadas al alcance de la mano. De él emana una especie de claridad difusa, del que sabe que su momento no ha llegado todavía, pues le queda algo por hacer. A su alrededor se agrupan los veinticuatro voluntarios, todos ellos jóvenes sin experiencia, pero que han luchado con valor... Algunos son poco más que sombras, de otros se ven las caras, más oscuras que la niebla...
Lo único que tienen en común ambos bandos, es que todos ellos están muertos. Los que no perecieron fusilados por el capitán García, lo hicieron por las dos bombas que cayeron al alba, último regalo de un Junker JU87 con un problema en el motor, y que decidió soltarlas sobre el campo de batalla... Fue una muerte lenta para los "vencedores", pues la onda expansiva cegó completamente la trinchera, enterrandolos con vida... Y allí han estado, desde entonces, esperando que sucediera algo, los unos para vengarse, los otros para seguir matando... Y por eso, cada noche desde el sacrificio, se repite el mismo combate... con una pequeña diferencia: cada noche, todo se vuelve más contundente, los impactos de las balas en los árboles y en los edificios no desaparecen al amanecer, y tanto los jardines de la Comunidad, donde cada noche se abre la trinchera, como los propios edificios, se convierten en un campo de batalla...

No hay comentarios:

Publicar un comentario