Naiara era una chica de lo más normal, que tenía lo mismo que las demás, es decir: veinte dedos armoniosamente distribuidos, dos pies y dos manos pequeños pero proporcionales, dos largas y esculturales piernas, una cintura estrecha, torso exquisito y dos pechos que parecían pensados para alojarse en la palma de la mano, sus brazos eran perfectos, su cuello grácil como el de una garza, su barbilla quizás un poquito respingona, que servía de balcón para unos labios que solo me atrevo a calificar de "excelsos", rematados por una hermosa naricita, y unos ojos negros, tan brillantes como los luceros del alba, cejas y pestañas exquisitas, y un pelo que nunca me cansaría de tocar...
¿Te das cuenta de la cantidad de datos que tengo que aportar, para justificar algo tan sencillo de demostrar, como que era perfecta... al menos para mí?¿Y que yo estaba completamente enamorada de ella, casi desde el mismo instante en que la vi?¿Que tenía perfectamente claro que mi vida no tenía sentido, si no podía estar a su lado?
Cientos de cosas nos entrelazaban, como las ramas de la hiedra: nacimos el mismo día (23 de mayo), pero con tres años de diferencia (yo era la más mayor), dentro de una familia "bien" del Barrio de Salamanca... Acudimos a los mismos colegios en régimen de internado... Nos gustaban los mismos juegos, teníamos el mismo tipo de bicicletas, unas hermosas "mountain bike" que customizamos en la misma tienda... Nos encantaba el mismo tipo de lecturas y de películas, con la salvedad de que ella no soportaba las bélicas, y yo salgo huyendo de las de fantasmas... Incluso durante un tiempo, vestíamos igual para ir al instituto, lo que fue una liberación después de tantos años con el uniforme de las monjitas... Vivíamos en el mismo edificio, pero no en la misma casa... puesto que éramos primas hermanas, nacidas de madres gemelas idénticas... casadas con gemelos idénticos... aunque nosotras rompimos la tradición familiar: eramos hijas únicas...
Durante algunos años, lo hacíamos casi todo juntas (menos ir al baño, que siempre he sido muy escrupulosa)... incluso competimos por el mismo chico una temporada... aquél primer amor compartido, cuando Naiara tenía seis años... Aquél único y húmedo beso, lleno de lengua y de babas, ante la mirada de nuestras madres, que se escandalizaron sobre todo porque Aníbal primero me besó a mí, Natalia, y luego a ella... Como todas las niñas de nuestra edad (aquél año siete años y media para cada una, porque partíamos la diferencia) nos encantaba el verano: con sus acampadas junto al embalse de Entrepeñas y Buendía (que la gente siempre se olvida de los apellidos), las noches junto a la hoguera, cuando su padre contaba leyendas de aparecidos, de nayades.... y, completamente aterradas por el ruido del viento en la lona de la tienda canadiense de cuatro plazas, compartíamos el saco de dormir...
Pasaron los años, y con la adolescencia, algunas de las tradiciones continuaron: montar en bici por el Retiro, irnos de copas con las amigas (en su primera borrachera, tuve que sujetarle la cabeza mientras vomitaba... experiencia nada gratificante...), algún escarceo amoroso con chicos de la pandilla del instituto y, sobre todo, estábamos juntas en verano, primero con la familia, luego, con amigos... pero muchas veces, solas... Es la extraña afinidad que se puede generar entre primas, que para muchas cosas son aún más importantes que con las hermanas...
El mayor problema, que al mismo tiempo era la principal causa de mi tristeza era... mi corazón... o mejor dicho, mis sentimientos hacia ella... Supongo que comenzó de la manera más inocente, cuando compartíamos saco durante las acampadas, completamente desnudas, como mi madre nos había enseñado, para compartir el calor del cuerpo... Abrazarme a ella, noche tras noche, se había convertido en una tradición, protegiéndola, con mi cuerpo, con mi espalda, con mi alma, de todo peligro, de todo mal... Pero me di cuenta de que algo no funcionaba bien con mis sentimientos hacia ella, aquella noche en que me desperté completamente sofocada (y excitada) puesto que ella, dormida, había colocado su mano entre mis piernas... Yo tenía por aquél entonces 15 años... bueno, 13,5 según nuestra contabilidad paralela, y era la primera vez que nuestros padres nos habían dejado la tienda para nosotras solas... Aquella noche, la pasé casi entera sin dormir... mirándola mientras dormía... preguntándome por lo que estaba sintiendo hacia ella...
Supongo que es uno de tantos mitos, de tantos tabúes sobre la moral y sobre el sexo, que te insertan firmemente en la conciencia... Yo conocía la palabra "lesbiana" (bueno, y otras menos elegantes...), siempre había comprendido que con ella se definía a la mujer que se enamora de otra mujer, o que experimenta un fuerte deseo por otra... Comprendía también que solo se desea realmente aquello que jamás se podrá tener... Y que nunca había mostrado un excesivo interés por los chicos que nos esperaban a la salida del colegio de monjas, con sus ridículos vespinos y sus tupés engominados...Y tampoco me llamaban la atención las chicas, me parecían casi todas bastante tontas, artificiales y empeñadas en aparentar más edad, pintándose en ocasiones como auténticas furcias... porque en el fondo, estaba enamorada de Naiara...
Fue una noche muy larga, del mes de agosto, la que pasé observándola dormir, a Naiara, sobre el saco abierto, deseando atreverme a tocar su piel, tan blanca bajo la luz de la luna... Éramos tan jóvenes, por aquél entonces... Aquella noche comprendí que estaba profunda y egoístamente enamorada de Naiara, quien sabe si desde el mismo momento en que la besé en los labios, para quitarme el sabor de Aníbal...
Fueron unos años confusos hasta que cumplí los 19 (17,5 para nosotras), casi tan convulsos como mis sentimientos... Seduje a uno de los compañeros del equipo de natación del instituto, y aprovechamos un martes por la tarde, cuando se suponía que estábamos estudiando matemáticas en su cuarto, para estudiar "matemáticas", sobre todo las "tangentes", los "quebrados" y otras fórmulas... Creo que nos arriesgamos mucho aquella vez, pero el que sus padres pudieran entrar en la habitación y pillarnos en el acto me excitaba tanto o más que hacer el amor por primera vez... aunque terminase siendo "uno rapidito... y decepcionante"... Nos acostamos varias veces aquél verano, se llamaba Hugo... pero rompimos cuando comprendió que no me estaba satisfaciendo... que él no podía darme todo lo que yo necesitaba...
Fue entonces cuando conocí a Raquel, en septiembre del año pasado... Nos vimos por primera vez en el taller de teatro de la Junta Municipal... y rápidamente noté que yo le gustaba... no sé, son cosas que las mujeres notamos.... y fue la primera mujer con quien hice el amor... pequeño matiz, con los hombres, casi siempre se finge... con las mujeres no es posible... Parece que el número 3 me persigue en esta vida, puesto que soy 3 años más joven que ella... Sin embargo, después de 3 meses juntas, me pidió que dejásemos de vernos, puesto que su cama era "demasiado pequeña para nosotras tres: la otra, tú y yo..."
A los 21 años, lo tenía todo preparado... la siguiente acampada, con Naiara, me sinceraría con ella... Hablaríamos tranquilamente en nuestra tienda de campaña, o bajo las estrellas, igual daba, mientras estuvieramos de nuevo juntas... Si bien las cosas no salieron exactamente como yo pensaba...







