Querida Yolanda, mi musa de carne, niebla, sangre y tinta... aunque ya conoces de sobra mi alma, y mi historia... Hoy me apetece recordarla un poco... para empezar el camino con una "tabula rasa" de categoría... Leerla o no, es decisión tuya, como siempre…
EN LO SENTIMENTAL, SOY CULPABLE…
Soy CULPABLE… de haber AMADO CON LOCURA a una sola mujer en toda la vida, que me ha correspondido lo mejor posible…
Soy CULPABLE, por amor, de haberme enfrentado a toda mi familia, apartándolos de mi lado, con tal de seguir con ella… a pesar de tantas diferencias...
Soy CULPABLE, de haber tenido con ella toda la paciencia del mundo, de no haber conquistado cada parcela de su piel salvo tras infinita y paciente lucha de ternura… durante más de diez años…
Soy CULPABLE, de amarla tanto, que su bienestar casi siempre estaba muy por encima del mío... más bien, en casi toda circunstancia…
Soy CULPABLE… de haberla hecho llorar de tristeza seis veces en toda su vida, y las recuerdo todas ellas…
Soy CULPABLE de no recordar cuantas veces nos hemos quedado sin respiración tras dejarnos llevar por aquella risa que nace del alma y del corazón, de felicidad absoluta…
SOY CULPABLE, de no haberle llevado el desayuno con churros a la cama cuando tenía ocasión después del trabajo, y dejarlo en la cocina, para que lo tuviera a su disposición al despertar, después de mi turno de trabajo de noche.
EN LO PROFESIONAL, SOY CULPABLE...
SOY CULPABLE de no haber intentado con más fuerzas, conseguir un trabajo del que ella se sintiera orgullosa, de haber renunciado a mis ilusiones como periodista…
SOY CULPABLE de no haberme desplazado a otra ciudad, con un puesto asegurado, y dos en el aire… porque ella no quería salir de Madrid, sin estudiar ni trabajar en aquél momento… y no se lo echo mucho en cara, por amor…
SOY CULPABLE de haber escogido un trabajo de tan baja entidad que mi padre jamás me lo perdonó… porque sin disciplina, era demasiado grande la descompensación entre deseos, sueños y realidades, para mantener el equilibrio frente a la frustración…
SOY CULPABLE de avergonzarme ante mi imagen en el espejo algunas noches, con el uniforme, de sentirme menor que los demás, porque muchas veces ni siquiera recordaba mi puesto: armario con patas… arrinconado en cualquier lugar, mirando el mundo…
SOY CULPABLE de no haber sonreido más a las personas, por males reales o imaginarios, y de buscar de vez en cuando un acercamiento... cuando todo el mundo sabe que los armarios (de toda talla) ni sienten ni padecen…
SOY CULPABLE de no querer servir a las madres para asustar a los niños pequeños con meterles en el cuartito de material… o de intervenciones, en los que jamás deseabas entrar por las consecuencias para el vigilante, si la retenida era una mujer (por eso jamás cierro la puerta al tomar la tensión)… conozco demasiados compañeros que han sido denunciados por mujeres de toda edad y condición, a quienes la policía registra "en el cuarto de intervenciones" y decomisa mercancía de hasta 3.000 euros... las detienen, juzgan... pero el que se va la puta calle con una denuncia y la vida si cabe más jodida es el vigilante...
SOY CULPABLE de saludar por la mañana y por la tarde, con educación, a quienes pasaban por delante de mí, porque el silencio era demasiado duro, y el miedo, mutuo…
SOY CULPABLE de haber renunciado a casi todos mis sueños, hasta que encontré la escritura…
EN LO INTELECTUAL, SOY CULPABLE…
SOY CULPABLE de no haber conseguido elevar a mi mujera a "mi nivel", como deseaban mi familia y mis amigos íntimos… por un amor incondicional...
SOY CULPABLE de haber buscado puntos de entendimiento en actividades compartidas, como pasear e ir al cine, ver películas de niños… intentar patinar…
SOY CULPABLE de no haberle contagiado mi pasión por la lectura y la cultura, las exposiciones, el cine y el teatro… por estar con ella…
SOY CULPABLE de amarla tanto para no enjuiciarla… y más aún en estos momentos...
EN LO EMOTIVO, SOY CULPABLE…
SOY CULPABLE de no haberle dicho jamás “te amo”, pues heredé de mi padre ese pánico a amar, por temor a la pérdida, inevitable… solo podía responderle con una caricia, un “TQ” o un “idem”…
SOY CULPABLE… de preferir responder siempre que es posible con un detalle, un beso, un gesto de cariño, una caricia, en vez de una palabra…
SOY CULPABLE de no haberle preparado más baños de espuma los domingos por la tarde, y compartirlos con ella…
SOY CULPABLE de no haber compartido con ella más puestas de sol en lagos recoletos, ni más amaneceres en el mar, de no haber involucrado más a mi familia ni pedirles ayuda… para sorprenderla… y de callar antes que hacer daño con una sola palabra…
SOY CULPABLE… de no haberle pedido más veces que abriera sus ojos inmensos verdes y marrones, mientras hacíamos el amor, para verme reflejado en ellos en el clímax, derribando entonces todas las barreras del alma…
SOY CULPABLE… de haber deseado tener con ella un hijo desde que nos hicimos novios, de haberle comprado su primer chándal y su primer par de calcetines y un gorrito y una camiseta… antes incluso de casarnos… lo conservo en una caja… es decir, toda esa ropa, recuerdo doloroso e inútil... que ni siquiera le valdría a nuestro gato de custodia compartida...
SOY CULPABLE… de haber renunciado a ese sueño… por ella…
EN LO ESPACIAL, SOY CULPABLE…
SOY CULPABLE… de haber sembrado la casa de recuerdos cada vez que se va al trabajo, para no sentirme tan solo…
SOY CULPABLE… de acechar sus pasos en las sombras, y esperarla tras la puerta menos veces de las que hubiera debido, con el gato, nuestro hijo en los brazos, mendigando uno de sus besos… cada vez más espaciados y tenues…
SOY CULPABLE… de permitir que la tristeza me derrotase por no verla, con los turnos de trabajo opuestos... y no atreverme a salir de la cama, aferrarme a su almohada tras la siesta, buscar su huella en las sábanas, y su olor, para recuperar las fuerzas…
SOY CULPABLE de no volver a recogerla en coche, pues con el agotamiento de tantas horas despierto en casa y fuera de ella, no me sentía seguro al volante… y aunque mi vida no me preocupase nada, la suya me es y me sigue siendo preciada…
SOY CULPABLE… de haberme parapetado tras una muralla de libros, como consuelo por su ausencia y sus silencios… y de haber dejado de escuchar la música, pues su respiración resonaba con más fuerza entre las paredes de la casa desierta… si Chiqui no roncaba…
SOY CULPABLE de haber abandonado la maqueta del barco, porque las lágrimas no me dejaban ver las piezas, y la luz no era la mejor… y quizás, siempre tuve miedo de que fuera una metáfora de nuestro matrimonio… tal y como ha sido…
SOY CULPABLE, EN LOS MUNDOS DE TINTA…
SOY CULPABLE de haber rastreado la más pequeña partícula de amor, para llevarla a casa, y ofrecérsela a ella, de haber creado mil universos para vivir juntos, en ellos, aunque fuera unos minutos, cuando ella antes me leía… y luego, los dejaba impresos sobre su mesa… y después los tiraba a la papelera, sin leerlos…
SOY CULPABLE... de inventar historias de amor para los dos, poemas, para renovar una pasión, un interés, un cariño, que por su parte llevaba cinco años menguando, y desapareció en los dos últimos… por completo…
SOY CULPABLE de haber tenido tanto miedo de perderla, que la he dividido en varias musas (menos Yolanda, por supuesto), dotarlas de sueños, personalidad… y en todas ellas disponer una de las cosas que más admiraba de ella, que más añoraría si nos separábamos… Una tendrá siempre el tacto de su pelo al salir del mar, medio seco por la brisa… Otra, el acre sabor de las lágrimas… La tercera, sus ásperas manos y uñas cortas, que arañan mi espalda… La cuarta, conserva cada uno de los escasos gemidos que pronuncia en el clímax… y la única vez que gimió mi nombre… La quinta, su risa de caballo… La sexta, ese tic de hacer caracolillos con el pelo sobre su oreja izquierda…
SOY CULPABLE… de intentar ser un poeta, al pensar que así me acercaría más a mi mujer, porque era ella quien me inspiraba casi todo, al principio… En el fondo, solo hablaba de ella, de mis sentimientos, buscando solo una salida… fracasé… menos con un puñadito de poemas… loos otros cuatrocientos arden en el limbo de los blogs clausurados...
SOY CULPABLE… de haber utilizado las redes sociales para transmitir sentimientos, usando mis escritos como anzuelos, para canalizarlos hacia mi casa, conocer personas interesantes, con corazón, sin miedo a llorar… y así, obtener las fuerzas, para recuperar las fuerzas… y luchar una y otra vez más por ser mejor, por amarla más… fracasé…
SOY CULPABLE, EN ALGUNAS DE MIS RELACIONES “AUTÉNTICAS”…
SOY CULPABLE… de haber decepcionado demasiadas veces a la única persona que para mí podría ser sagrada, en su faceta de madre, compañera, apoyo, paño de escasas lágrimas… de haberla asustado de vez en cuando, al no poder ocultar el caudal de tristeza y desesperación que inundaba mi alma… De no haber sabido apoyarla cuando me necesitó… De no haberla escuchado… de haberla puesto en evidencia, al permitir que mi amargura se infiltrara en mí trabajo… Pero las últimas semanas, he aprendido de nuevo a sonreír… en el silencio…
SOY CULPABLE… de haberme lanzado cual Quijote contra los molinos de viento, sin darme nunca cuenta de que arrastraba a Ojos Negros en una batalla que terminaría por una victoria pírrica: un nuevo animal, y luego un segundo, en el centro, casi terminan con los dos… Fracasé… lloró de nuevo… y yo… me callé… no podía hacer nada, si en parte era la causa…
SOY CULPABLE… de haber menospreciado al principio a mi nueva compañera. Por culpa de su juventud y sus ganas de vivir, que yo había perdido… Diseñé, implanté procedimientos consensuados con nuestro superior, porque no había nada de eso cuando llegué al centro… Pero quizás fui demasiado protector, o entrometido… Espero que todavía quede tiempo para enmendarlo… antes de irme…
SOY CULPABLE, EN LOS SENTIMIENTOS…
SOY CULPABLE de haber tardado ocho años en llorar a mi abuelo, en perdonarle su amargo final, y sobre todo, en perdonarme a mí mismo mi incapacidad para auxiliarle… y no haberme despedido de él la noche que murió…
SOY CULPABLE… de haberme encerrado en mi interior, refugiándome en la lectura, el color negro, sin revelar mis sentimientos, creando una armadura de silencios, por no tener nada ya en mi corazón, ni en el de mi mujer…
SOY CULPABLE… de haber tardado nueve años en llorar a mi padre… por sentirme incapaz de reconocer que sus problemas eran los míos… que jamás me he sentido a su altura… que no pude terminar la tesis, entre otras cosas, para no avergonzarle… pues él jamás la terminó… de haber olvidado de forma consciente tantas cosas malas… que olvidé también las buenas… y solo con una orgía de lágrimas… lo conseguí en parte…
SOY CULPABLE… de no haber pedido ayuda a la familia, encerrándome en mi dolor…
S
OBRE LAS CONSECUENCIAS, SOY CULPABLE…
SOY CULPABLE… de, a pesar de todo, conservar la esperanza, desear salir adelante con el paso tiempo, regresar al periodismo, dedicarme a la literatura, o cambiar de profesión (he visto unos cursos de recepcionista de hotel gratuitos con buena pinta…).
SOY CULPABLE… de haber recuperado las ganas de luchar… después de quince años, pero sobre todo los dos últimos, con un fiero gato guardián, Chiqui, rondándome y animándome a seguir adelante, con sus maullidos y ronroneos...
SOY CULPABLE.... quizás por encima de todo... ¿de querer retomar las riendas de mi vida?... ¿de alimentarme de sueños?... ¿de recuperar las fuerzas poco a poco?... ¿de seguir luchando, pese a todo? ... ¿de estasr enamorado de la vida?... ¿o de ceder a las lágrimas?
Pero como siempre.. recuerda que SOY CULPABLE... de haberte llevado a este punto... para darte las gracias... por estar allí... al otro lado de aquél monitor, que separa a bloggers y lectores... Dos mundos de los cuales no se conservan ni siquiera las certezas que antaño sirvieron para escalar las más altas torres...